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"Memorias del guerrillero con dos cabezas" (5): El dos de mayo



El dos de mayo de 1808, lunes, Leandro Honrubia se encontraba trabajando en el taller de Goya de la calle Desengaño junto a su compañero Felipe. Al escuchar las primeras detonaciones quedaron paralizados por la sorpresa. Enseguida se les unieron Francisco de Goya y su hijo Xavier, quienes estaban todavía en la vivienda. Los cuatro salieron a la calle y se acercaron hasta el cruce con Fuencarral. La gente corría en dirección hacia la Puerta del Sol. Goya, al ser sordo, no podía escuchar los estruendos de los cañonazos pero percibió el fuerte olor a pólvora que inundaba Madrid. "Ya ha comenzado la matanza. Era inevitable", dijo con tristeza.
Leandro Honrubia, preocupado por la suerte que en la revuelta pudiera correr su amada, Azucena Armendáriz, se echó a la calle en su busca.

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(continuación de Matar a la bestia) En la comisaría le dieron una paliza y lo humillaron. Querían saber quiénes eran sus cómplices. De nada le sirvió explicarles que era un parado enfermo de cáncer de páncreas al que iban a desahuciar la semana siguiente. No lo creyeron hasta que tuvieron en la mano la información del INEM, del banco y de la Seguridad Social. Era cierto. Le habían diagnosticado un cáncer de páncreas el año anterior y debido a las continuas inasistencias al trabajo, había sido despedido de la multinacional en la que trabajaba.  No pudo hacer frente a la hipoteca y el banco ya le había anunciado el desahucio. Para colmo, el oncólogo le comunicó, con gran pesar, que su cáncer era difícil y que a la Seguridad Social no le merecía la pena prescribirle el carísimo tratamiento que necesitaba para alargarle la vida unos meses. Aunque si quería podía pagárselo de su bolsillo…

EL DÍA DE LA VICTORIA

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