19 de septiembre de 2010

De la clandestinidad al desasosiego


Con esa frase titulaba Juan Antonio Labordeta uno de los capítulos de su último libro, "Regular, gracias a dios", que escribió en plena enfermedad haciendo un gran esfuerzo y que se ha convertido en su testamento vital ya que era consciente de que se iba.
Leí el libro el pasado agosto y tenía intención de hacer una entrada en el blog como he hecho con otras obras que me han gustado especialmente. Desgraciadamente, me sale una necrológica.
"Regular, gracias a dios", un dios con mínuscula, como decía él, en una frase que escuchó a un musulmán, por eso la relativización del dios.
En el capítulo que da titulo a esta entrada, Labordeta, con la clarividencia que tuvo siempre, define muy bien lo que fue su vida y la de tantos otros. Pasó por la clandestinidad del franquismo, y luego se enfrentó a él como supo o como pudo, aunque antes de eso cantó el Cara al Sol en el colegio "con la inconsciencia de la infancia".
La clandestinidad se convertía en desasosiego "cuando el teniente te pedía el DNI y te decía que te lo devolvería al final de la actuación si cumplías con lo pactado. Y me lo devolvía porque cumplíamos lo pactado". No se podía desafiar abiertamente al régimen.
Cuenta Labordeta, con su retranca baturra, que durante mucho tiempo tuvo a un social (policía política para que lo entiendan los más jóvenes) pegado a sus talones, que sabía su vida, conocía a su familia y estaba pendiente de sus idas y venidas. Solía abordarle a la hora del café y siempre le preguntaba: ¿Es usted demócrata? A lo que Labordeta respondía, indefectiblemente, "Yo, como De Gaulle". Con esa estrategema se escabullía de la presión del policía franquista.

En sus memorias, Lobordeta relata con ironía su primer contacto con la enfermedad que lo ha matado:
-José Antonio, ¿sabes qué es el PSA? -le preguntó una pariente suya que trabaja de ATS después de hacerse unos análisis.
-No lo voy a saber, si lo fundamos Emilio Gastón y yo junto a las gentes de Andalán.
Evidentemente, la ATS se refería al indicador en sangre que anuncia un posible cáncer de próstata y no al Partido Socialista Aragonés que fundó en 1976.
Después de unos años de normalidad, especialmente con los gobiernos de Felipe González, el desasosiego ha vuelto ha instalarse entre nosotros, dice Labordeta: "llegó Aznar y los resabios dictatoriales crujieron" y hubo que salir a la calle para negar la guerra de Irak. "El desasosiego es la guerra de Oriente Próximo, Irak, Rusia, Afganistán y Al Qaeda. Y una gran crisis económica, producto de la mala gestión bancaria".




 Labordeta en Belchite (1970). 
Una foto tomada de su libro.

 La música de fondo que tuve en mi vida durante la transición la pusieron Labordeta y otros que como él se batieron el cobre y fueron la vanguardia de la izquierda española en esos días. Como Paco Ibáñez, Pablo Guerrero, Lluis Llach, Raimon, Luis Pastor o La Bullonera.
Ayer, precisamente, hablaba de Labordeta con Antonio Romero, el ex diputado de Izquierda Unida que está retirado porque padece parkinson. Presentó su libro en la fiesta del PCE y coincidimos en una misma frustración personal: no haber estado en el Congreso (él como diputado, yo como periodista) cuando lo hizo Labordeta. Me hubiera gustado conocerlo y agradecerle personalmente todos los momentos en que me hizo vibrar en aquella época tan importante.

Me apetece dejar aquí unos vídeos que ya forman parte de la historia de este país.
El "Canto a la libertad", que fue toda una declaración programática durante la transición y que convendría revisar hoy día porque tiene gran vigencia.


"Aragón", una de las mejores canciones reivindicativas del orgullo de ser aragonés y convertida hoy día en el himno de facto de la comunidad.




"Me dicen que no quieres". Otra declaración de amor a la tierra que lo vio nacer.


Y "Canción de amor". Un de las canciones de amor más intensas, bellas y emocionantes que he escuchado. La letra es anónima, pero labordeta la interpreta mejor que nadie.




14 de septiembre de 2010

Un jornalero en los secretos del Estado

Antonio Romero no es un político al uso por eso sus memorias (editorial Almuzara)  tampoco son las típicas del político que finalmente se decide a confesar los entresijos de su vida pública. Romero es un hombre corriente que por los avatares de la vida, por su afán de luchar contra la injusticia y la miseria del mundo en el que se movió desde niño, llegó a ocupar posiciones muy relevantes dentro de la estructura política de su partido y de las instituciones del Estado. Luchó contra los GAL, contra la corrupción en la Guardia Civil y contra el denominado felipismo. Pero siempre lo hizo desde la transparencia en todas sus actuaciones. Seguramente Romero es uno de los pocos políticos que, tras retirarse de la vida pública, vive en el mismo pueblo donde nació y casi en la misma casa, en Humilladero (Málaga), junto a sus amigos de la infancia y entre jornaleros como él. "Con mi gente", como repite a menudo.
En sus memorias, Antonio no aportan grandes descubrimientos periodísticos ni revela escandalosos secretos de Estado, pero si cuenta, con el gracejo y la capacidad de comunicación que siempre ha tenido, cómo vivió en primera línea acontecimientos trascendentales de la vida política española, como la legalización del PCE en el que milita desde adolescente, el nacimiento de la autonomía andaluza o el caso Roldán, puntilla del gobierno de Felipe González. 
No faltan sus jugosas opiniones -ahora más libres al no estar sujeto a compromisos de partido- sobre los personajes a los que tuvo que tratar, como el propio Felipe González, Gerardo Iglesias, Julio Anguita, Nicolás Sartorius, Rosa Aguilar o Felipe Alcaraz.
Por su trabajo para esclarecer los GAL recibió amenazas de muerte y tuvo el teléfono pinchado durante mucho tiempo. Sin embargo, al mismo tiempo, contó con el apoyo de una buena parte de los miembros de la Guardia Civil, que veía en él a un hombre honrado que trataba de dignificar la imagen del cuerpo, tan deteriorada por la guerra sucia.
Pero las memorias de Romero no están escritas con el retrovisor. También hay análisis de futuro y cuestiones de gran actualidad, como la encrucijada en la que se encuentra la izquierda hoy día. Romero recuerda lo que le dijo una vez un colaborador de Enrico Berliguer, el entonces líder del Partido Comunista Italiano:  "sabemos muy bien lo que no queremos y lo que no somos, pero aún tenemos que definir lo que proponemos". Esta cuestión, según Romero, sigue pendiente hoy más que nunca con el avance del ultracapitalismo, ya que la izquierda ha perdido su capacidad propositiva.
Las memorias de Romero son interesantes también para conocer cómo era la dura realidad de los hombres del campo en los años cincuenta y sesenta, en pleno franquismo, donde el hambre, la represión y la inmigración eran moneda corriente.
Hoy Romero no está completamente retirado. Lucha contra su parkinson, del que habla con naturalidad en sus memorias, y sigue en el empeño de trabajar por una España republicana, no en vano es el coordinador de la Red de Municipios por la Tercera República.
 Una de las imágenes que Romero incluye en su libro: un servidor entregándole, durante la cena  anual de la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APM), el premio al diputado con mejor relación con la prensa. No recuerdo el año, pero probablemente sea hacia finales del felipismo.

Más información sobre Romero aquí, aquí, aquí, aquí o aquí.

CINCO PUÑALADAS Y UN DISPARO

¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Bang! ¡Zas! Expiró aferrado al policía, pensando en sus hijas. No pudo soportar que lo multara por...