23 de noviembre de 2008

De los godos a Numancia


Los servidores siniestros del ladrillo no paran ni en épocas de crisis. Parece que los mueve más un limpio y pundonoroso afán destructor del medio ambiente y del patrimonio histórico en el que fijan su vista de lobos que el deseo de enriquecerse construyendo hileras de chalets adosados, campos de golf y mazacotes infumables.
Ahora, según publica el diario El País, lo amenazado es el complejo histórico de Numancia, no ya las ruinas en sí, sino el paisaje que lo circunda, necesario para entender el asedio romano y la feroz resistencia de los numantinos. Con la anuencia de la Junta de Castilla y León (la misma que autorizó la tala brutal de un pinar abulense en el que anidaba la cigüeña negra y otras especies de alto valor ecológico) el proyecto pretende volver a cercar Numancia, aunque esta vez no con las legiones de Escipión el Africano, sino con gigantes descerebrados de cemento y uralita de un polígono industrial y de una urbanización llamada, ¡ironías de la vida!, Ciudad del Medio Ambiente. Quizá piensan los agresores que dotando a sus tropelias de semejantes nombres la cosa cuela mejor. Aquí, como en el famoso hotel que se construía en la playa del Algorrobico, en pleno parque natural del Cabo de Gata, los permisos oficiales están en regla (eso parece), lo cual no quiere decir que no se cometa un atentado en toda regla contra el Patrimonio español. Una cosa es la legalidad y otra el sentido común.
Pero esto no es nuevo y huele muy parecido a lo que sucedió en Toledo hace un par de años cuando la voracidad de los constructores y las administraciones sin dos dedos de frente pusieron en peligro los restos de la Toledo visigoda, que salió a la luz a la vera del Tajo. 1.300 viviendas tenían la culpa. Y a punto estuvo de consumarse el desastre porque, una vez más, la administración no cumple con su principal función: la de velar por el interés común.
La especulación no es algo nuevo en España, en contra de lo que pudiera creerse no nace con el desarrollismo. Tiene al menos más de 180 años de historia. Uno de los casos más antiguos lo protagonizó Mendizábal con su famosa desamortización en 1836. Uno de los inmuebles religiosos que desamortizó fue el convento de los Agustinos Recoletos, donde estaba enterrado el gran pintor Francisco de Zurbarán. El jefe de gobierno desamortizó y derribó el convento sin detenerse a pensar en el ilustre personaje que yacía allí desde hacía más de 150 años. El cuerpo de Zurbarán se perdió pero Mendizábal compró a muy buen precio el solar para venderlo después. Allí se levantó un taller de carruajes y años despúes en ese mismo lugar se edificaron la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico. Pero el sepulcro de uno de nuestros mejores pintores se perdió para siempre.
Por lo visto no hay forma humana de detener la especulación. Esa parece una batalla perdida desde hace siglos en España. Pero al menos podría evitarse cuando afecta al patrimonio histórico y cultural. Los poderes públicos deberían ser especialmente sensibles cuando se trata del patrimonio común.
La capital de los reyes godos parece que se ha salvado. ¿Se salvará Numancia de este nuevo acoso?

(Las fotos son de El País)

16 de noviembre de 2008

"Sangre de caballo", con los lectores


La librería madrileña Traficantes de sueños (c/Embajadores, 35) me acogió el otro día en un acto organizado por Los Sábados Negros, que abren así una nueva temporada de charlas sobre novela negra después de haber dejado huella en la librería Muga, de Vallecas.
El acto fue muy cordial y entrañable con una treintena de personas que se interesaron por mi novela Sangre de caballo y por los personajes reales que dieron origen a los de ficción, el Legi de Parla y la Reme.
Expliqué cómo nació la novela. Fue gracias al diario de un toxicómano (un machaca) que fue intervenido por la policía en una chabola en la que se traficaba con droga. Los agentes quedaron estupefactos al hallar un documento escrito en un lugar así. Jamás les había sucedido algo parecido. Fue algo tan inaudito, les dije, como encontrar una nota manuscrita en las excavaciones de Atapuerca.
Cuando el diario llegó a mis manos, por recovecos que no conviene repetir en público, me dejó impresionado su contenido. Allí había de todo pero lo más maravilloso fue la historia de amor que descubrí entre dos toxicómanos: el Legi de Parla (un antiguo legionario con una profunda toxicomanía) y la Reme, otra yonqui que deambulaba por los poblados marginales de la droga en busca de su dosis diaria.
En ese diario se mencionaba a otras personas, desde compañeros de fatigas en el consumo de arrebujitos, hasta narcotraficantes de raza gitana. Andrés (nombre supuesto que atribuyo en la novela al Legi), cuenta en las páginas de su diario las tribulaciones por las que pasa en su trato cotidiano con los narcos, las humillaciones que recibe de ellos, sus enfermedades, como una hernia que se le sale cuando va a hacer de vientre. También refleja su ilusión por la chica que acaba de conocer, la Reme en la novela, de la que dice: "Y de cuerpo y cara no está nada mal. Sobre todo el culo que tiene, que lo tiene bien puesto, osea que no le sobra nada".
No faltan las esperanzas por salir de la droga, incluso especula sobre si es más duro el mono del caballo o el de la cocaína.
El diario, que con tanta fortuna llegó a mis manos, es ante todo, un poema de amor nacido del corazón de un vertedero humano. En un lugar donde las humillaciones son el pan nuestro de cada día y donde la dignidad debe llevarla uno dentro de sí mismo porque querer sacarla ante los demás es motivo de chanza, rídiculo o agresión.
A la vera de Manuel Rodríguez, el responsable de Los Sábados Negros, traté de llevar al auditorio el mensaje principal de este diario y de esta novela: que los toxicómanos, aunque nos asusten cuando nos cruzamos con ellos por la calle, son seres humanos como los demás, con los mismos sentimientos y los mismos temores; con padecimientos, sobre todo padecimientos, y que son capaces de experimentar en sus corazones el amor lo mismo que cualquiera de nosotros.

Me ha parecido pertinente copiar aquí algunas páginas de ese diario, que mostre a los asistentes al acto. En las dos primeras el legi cuenta sus inquietudes y, sobre todo, que ha conocido a la Reme, aunque expresas sus dudas porque también ha conocido a otra chica "que tampoco tiene desperdicio".






10 de noviembre de 2008

Encuentro con los lectores para hablar de "Sangre de caballo"

El próximo sábado, día 15 de noviembre, en la librería Traficantes de Sueños (C/Embajadores, 35 - Local 6) tendré un encuentro con los lectores para hablar de mi novela Sangre de Caballo. Será hacia las siete o siete y media de la tarde, aunque el acto comenzará a las seis y media con la presentación de la nueva edición de la novela Operación Masacre, de Raúl Walsh, el periodista argentino asesinado durante la dictadura militar.
El acto lo organiza la asociación Los sábados Negros, que ya tiene experiencia en este tipo de cosas.
Será algo muy informal donde todos podremos hablar y expresar nuestras opiniones, no solo sobre la novela, sino sobre el mundo de la marginalidad, la droga y los toxicómanos, que es de lo que trata el libro.

Espero veros a todos allí.

8 de noviembre de 2008

Lorca seguirá perdido

No nos basta con haber perdido los restos de hombres ilustres como Diego Vélazquez, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Pedro Ruiz de Alarcón o Francisco de Zurbarán. Ahora, tras la decisión de la Audiencia Nacional, seguiremos sin saber dónde está el poeta Federico García Lorca.
La tumba de Velázquez se perdió por culpa de José Bonaparte, que arrasó la iglesia de San Juan Bautista, donde reposaban, para ampliar la plaza ante el Palacio Real.
Los restos de Lope de Vega y de Cervantes han tenido vidas paralelas. Ambos fueron enterrados en nichos de sendas iglesias madrileñas. El Fénix de los Ingenios, al ser un personaje de prestigio en su momento, fue sepultado con cierto boato en un nicho de la de San Sebastián. Allí permaneció muchos años hasta que la desidia de los poderes públicos y la incuria de la Iglesia provocaron que sus restos fueran arrojados al osario de dicha iglesia por el impago del alquiler del nicho. Exactamente lo mismo le sucedió al creador de El Quijote en su sepultura del convento de las Trinitarias. Acabó en el osario.
También los restos del dramaturgo Pedro Ruiz de Alarcón acabaron en el osario del mismo templo que Lope de Vega y los huesos de ambos, pese a que no simpatizaban en vida, estarán hoy día entremezclados compartiendo el mismo olvido de la fosa común.
El caso de Francisco de Zurbarán, paisano y amigo de Velázquez, tiene más delito. En 1836 el jefe de gobierno de entonces, Juan Álvarez de Mendizábal, llevó a cabo una importante desamortización eclesiástica. Uno de los edificios desamortizados fue el Convento de los Agustinos Recoletos (de aquí viene el nombre del paseo madrileño). Allí estaba enterrado Zurbarán. El convento fue derribado y los restos del pintor se perdieron para siempre. El solar lo compró… Mendizábal. Los pelotazos y la especulación no es algo nuevo, ya tienen una amplia tradición en España Hoy día el solar lo ocupan la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico.

Ahora, después de más setenta años, cuando esperábamos que se corrigiera una de las ignominias más grandes de la cultura de este país, con la recuperación de los restos de Lorca, la Audiencia Nacional lo paraliza todo. ¿Es posible imaginar que cualquier otro país que no sea España haya permitido mantener a una de sus glorias más importantes tirada como una basura en un campo? ¿Tan difícil de comprender es que cada día que pasan los restos de Lorca abandonados como un perro nos echamos una paletada de mierda sobre nosotros mismos?
La decisión del juez Baltasar Garzón de abrir una causa general contra el franquismo puede ser discutible desde un punto de vista jurídico, pero lo que es induscutible es que cualquier persona, por humilde que sea, tiene derecho a exigir de los poderes públicos que rescate a sus familiares de las cunetas.
Por ende, la Administración tiene la obligación de rescatar esos restos de personas anónimas para que sean enterrados con dignidad. Y también tiene la obligación de rescatar a los personajes ilustres que son Patrimonio de la Humanidad, como Lorca, incluso en contra de la voluntad de sus familias, para que la ciudadanía del mundo pueda visitarlos y palpar su mausoleo.