27 de diciembre de 2010

Sospecha

José Ángel Mañas ya tiene su décima novela en el mercado. Sospecha, un thriller psiciológico en el que retoma antiguos personajes, como los policías Duarte y Pacheco, sin abandonar el escenario de casi todas sus obras anteriores: Madrid. El Madrid, en este caso, del ladrillo y la especulación, de la inmigración y la violencia de las tribus que pululan por él.
Con Sospecha, Mañas da un nuevo enfoque a su gran capacidad creativa. Esta vez es la introspección psicológica lo que prima en la novela, una de las mejores que ha escrito, para mi gusto. Como dice Mañas es una novela "de atmósfera" en la que nada es lo que parece y hay que esperar al final para conocer la verdad. 
La trama nos plantea un crimen atroz cometido en Sagrario, un pueblo imaginario el suroeste de la comunidad de Madrid que se parece mucho a Sevilla la Nueva. El asesinato y violación de una joven farmacéutica. Muy pronto las sospechas recaerán sobre Duarte, el policía putero que estaba encargado de protegerla. Con este punto de partida Mañas crea una atmósfera de sospecha y desconfianza, en la que no  estas seguro del comportamiento de nadie, ni siquiera de los personajes protagonistas de la historia.
Sospecha es para mí una de las mejores novelas de Mañas, junto con la ya mítica "Historias del Kronen" y la espléndida biografía de Alejandro Magno "El secreto del oráculo". Tres novelas bien diferentes las unas de las otras pero que marcan los vértices del amplio campo literario en el que se mueve José Ángel Mañas.

22 de diciembre de 2010

Tres pintores, dos exposiciones, un regalo

Esta semana ha sido la de las exposiciones de pintura. Tres amigos participan en exposiciones colectivas especialmente enfocadas a las fiestas navideñas. Los galeristas ofrecen obras en pequeño formato y de precios muy asequibles para animar a la gente a que regale arte en estas fiestas navideñas.

Uno de ellos es Alfonso Martín Burguillo, reconocido pintor del que ya he hablado aquí a propósito de sus originalísimos cuadros. Alfonso expone hasta el día 10 de enero en la galería madrileña Jorge Alcolea. Se trata de obras de su última etapa, en un estilo que yo califico -sin que le moleste- de hiperrrealismo consumista, en el que objetos cotidianos y a veces  muy prosaicos se convierten en el centro de inspiración del autor para convertirse en obras de arte casi fotográficas.
Casualmente, en una de esas obras (ver imagen de arriba), Alfonso ha tenido el detalle de convertir mi apellido, traducido al ruso, en elemento de hipotética marca comercial.

Por otra lado, en la galería Montsequí, también de Madrid, pueden contemplarse las obras de otros dos amigos, Lola Rubio y Chema Bullón. Los trabajos de ambos, junto con los de otro grupo heterógeneo de artistas, estarán expuestos hasta el 8 de enero.
Lola aporta sobre todo acuarelas de pequeño formato, algo inusual en su actual etapa creativa, dedicada sobre todo al deconstructivismo, que plasma en una muy particular y original técnica mixta, en formatos de tamaño mediano.
Chema Bullón, artista polifacético donde los haya, expone sus particulares grabados. Desgraciadamente no pudo estar en la inauguración porque está en México impartiendo unos cursos.
Para quienes aún tengan dudas sobre qué regalar en estas fiestas, las obras de Alfonso, Lola y Chema pueden ser una solución original y única. 

(Esto no es publicidad, ojo, que yo tengo intención de comprar alguno)





25 de noviembre de 2010

Réquiem por un campesino español

Ramón J. Sender escribió Requiem por un campesino español en 1953 en su exilio mexicano. Quiso reflejar de modo limpio y meridiano, sin artificios y con prosa sencilla pero contundente, la España de la guerra civil.
Descubrí esta novela corta y al propio Sender durante el bachillerato (que es como decir en los últimos años del franquismo) gracias a mi profesor de literatura, don Cayetano, el Tano, un tipo de izquierdas con un sentido del humor fuera de lo común, que nos la impuso como lectura obligatoria. 
El otro día apareció por encima de una estantería de casa un ejemplar del Réquiem. No aquel que compré hace tanto tiempo y que periódicamente rebusco sin éxito, sino otro que venía con el diario Público hace unas semanas. Lo cogí y lo leí el domingo por la tarde en esas horas depresivas que anuncian los lunes (día que, paradójicamente, luego resulta ser el mejor de los laborables).
No me defraudó. Sigue teniendo la misma fuerza, inmune al paso del tiempo. Pero lo que realmente me llamó la atención fue su validez para explicar también el mundo actual.
No puedo por menos que identificarme con Paco el del Molino, ese campesino manipulado por el cura durante toda su vida, aprovechándose de su bondad y su fe, y que finalmente es sacrificado por los terratenientes asociados con el fascismo falangista.
No encuentro diferencia entre la actitud hipócrita y colaboracionista de Mosén Millán y la actual del papa B16, más preocupado por regular nuestras relaciones sexuales que de hacer un llamamiento para ayudar a Haití. 
También el personaje de don Cástulo me resulta familiar hoy día, ese terrateniente moderno y arrimadizo que para medrar se acomoda a todos los que vengan, sean de izquierdas o de derechas, de aquí o de allá. Ese que pacta y transacciona con la única condición de que engorde su bolsillo, esos partidos bisagras, esos yupis que venden a su madre por cuatro pesetas o por un Porsche. Les da igual. Esos que hoy alaban las políticas liberales y los recortes sociales pero que ayer eran muy modernos y hasta de izquierdas.
Y don Valeriano y don Gumersindo, los dueños del pueblo, los que hacen y deshacen, los que quieren que nada cambie porque ellos están arriba. Los que empujan a los pistoleros a acabar con los pobres y los hambrientos, todos ellos peligrosos, aunque sean las mujeres que cuchichean al sol. ¿A quiénes me recuerdan? Pues a los mercaderes que hoy manejan el mundo, que compran y venden para arruinar países enteros sin importarles los millones de dramas personales que causan. Esos que envenenan a las personas a través de sus televisiones y de su publicidad, que atontan con sus productos mágicos, que pagan a periodistas para que empujen y convenzan de la bondad de triturar el Estado Social. Hasta tienen partidos políticos a su servicio para colarse en las instituciones que desprecian y malvender lo nuestro... mientras ellos evaden y se lucran ilícitamente. ¡Dios, cómo se ríen de todos nosotros, que seguimos en la inopia!
Quizá Sender quiso retratar un momento de España, pero le salió un cuadro mucho más amplio y global que ahora se entiende mucho mejor.  

1 de octubre de 2010

¿Hay otra verdad?


Dicen los teóricos de estas cosas que cuando una novela sale al mercado deja de pertenecer a su autor. Queda en manos de los lectores, dueños soberanos de la historia e intérpretes finales de cada uno de sus recovecos.
Dicen que el autor debe respetar entonces las lecturas que a cada cual les sugieran aquellas letras que fueron pergeñadas durante meses en esa soledad física e intelectual propia del creador que en ocasiones resulta hasta dolorosa.
La mayoría de las veces esas interpretaciones que los lectores hacen de los textos no retornan al autor. Solo esporádicamente alguien te comenta algo en alguna feria, en alguna firma, en cualquier sitio donde por casualidad te tropiezas con un lector. Es entonces cuando te haces una mínima idea del impacto que tus escritos han tenido fuera del círculo de amigos y familiares (del que no suelo fiarme porque siempre son excesivamente benévolos).
El otro día tuve una experiencia de este tipo y fue de lo más gratificante. Una señora me dijo que había leído recientemente dos de mis novelas: El tesoro de Vulturia, que es la última que he publicado, y El evangelio de Barrabás, cuya edición de bolsillo salió hace un par de meses. Esta mujer, de mediana edad, me dijo que le gustaron ambas pero más El tesoro de Vulturia, dijo, "porque la otra te hace dudar de todo lo que he creído desde siempre". Se refería esta persona a la trama de El Evangelio de Barrabás, que cuestiona la muerte y resurrección de Jesucristo y denuncia las manipulaciones de la historia perpetradas por la Iglesia.
El libro tal vez ya no sea mío, y cada cual pueda interpretarlo como quiera, pero el mensaje que yo deposité en él y lancé al mundo como si fuera una sonda espacial sigue trabajando solo, sin necesitar de mi concurso, ni de mi atención permanente, surca el tiempo con vida propia y se reactivará cada vez que alguien se sumerja en sus páginas.
Este era/es el objetivo secundario de aquel libro (el primario era/es entretener), hacer pensar a la gente que las cosas pudieron ser de otra forma diferente a como nos las han contado durante los últimos dos mil años, introducir la duda, obligar a plantearse otras  posibles hipótesis, agrietar esas convicciones inamovibles que al basarse en una supuesta Palabra de Dios no están sujetas a ningún juicio crítico.
Resulta reconfortante saber que esa propuesta deletérea que, desde mis modestas capacidades, dispersé por el mundo, como el náufrago que lanza una botella al mar, ha alcanzado al menos a una persona que le ha  hecho preguntarse si no serán una farsa los postulados que rigen su conducta moral y sus creencias religiosas. Solo por esto, por haber llevado la duda al menos a un ser humano, ha merecido la pena el esfuerzo.

19 de septiembre de 2010

De la clandestinidad al desasosiego


Con esa frase titulaba Juan Antonio Labordeta uno de los capítulos de su último libro, "Regular, gracias a dios", que escribió en plena enfermedad haciendo un gran esfuerzo y que se ha convertido en su testamento vital ya que era consciente de que se iba.
Leí el libro el pasado agosto y tenía intención de hacer una entrada en el blog como he hecho con otras obras que me han gustado especialmente. Desgraciadamente, me sale una necrológica.
"Regular, gracias a dios", un dios con mínuscula, como decía él, en una frase que escuchó a un musulmán, por eso la relativización del dios.
En el capítulo que da titulo a esta entrada, Labordeta, con la clarividencia que tuvo siempre, define muy bien lo que fue su vida y la de tantos otros. Pasó por la clandestinidad del franquismo, y luego se enfrentó a él como supo o como pudo, aunque antes de eso cantó el Cara al Sol en el colegio "con la inconsciencia de la infancia".
La clandestinidad se convertía en desasosiego "cuando el teniente te pedía el DNI y te decía que te lo devolvería al final de la actuación si cumplías con lo pactado. Y me lo devolvía porque cumplíamos lo pactado". No se podía desafiar abiertamente al régimen.
Cuenta Labordeta, con su retranca baturra, que durante mucho tiempo tuvo a un social (policía política para que lo entiendan los más jóvenes) pegado a sus talones, que sabía su vida, conocía a su familia y estaba pendiente de sus idas y venidas. Solía abordarle a la hora del café y siempre le preguntaba: ¿Es usted demócrata? A lo que Labordeta respondía, indefectiblemente, "Yo, como De Gaulle". Con esa estrategema se escabullía de la presión del policía franquista.

En sus memorias, Lobordeta relata con ironía su primer contacto con la enfermedad que lo ha matado:
-José Antonio, ¿sabes qué es el PSA? -le preguntó una pariente suya que trabaja de ATS después de hacerse unos análisis.
-No lo voy a saber, si lo fundamos Emilio Gastón y yo junto a las gentes de Andalán.
Evidentemente, la ATS se refería al indicador en sangre que anuncia un posible cáncer de próstata y no al Partido Socialista Aragonés que fundó en 1976.
Después de unos años de normalidad, especialmente con los gobiernos de Felipe González, el desasosiego ha vuelto ha instalarse entre nosotros, dice Labordeta: "llegó Aznar y los resabios dictatoriales crujieron" y hubo que salir a la calle para negar la guerra de Irak. "El desasosiego es la guerra de Oriente Próximo, Irak, Rusia, Afganistán y Al Qaeda. Y una gran crisis económica, producto de la mala gestión bancaria".




 Labordeta en Belchite (1970). 
Una foto tomada de su libro.

 La música de fondo que tuve en mi vida durante la transición la pusieron Labordeta y otros que como él se batieron el cobre y fueron la vanguardia de la izquierda española en esos días. Como Paco Ibáñez, Pablo Guerrero, Lluis Llach, Raimon, Luis Pastor o La Bullonera.
Ayer, precisamente, hablaba de Labordeta con Antonio Romero, el ex diputado de Izquierda Unida que está retirado porque padece parkinson. Presentó su libro en la fiesta del PCE y coincidimos en una misma frustración personal: no haber estado en el Congreso (él como diputado, yo como periodista) cuando lo hizo Labordeta. Me hubiera gustado conocerlo y agradecerle personalmente todos los momentos en que me hizo vibrar en aquella época tan importante.

Me apetece dejar aquí unos vídeos que ya forman parte de la historia de este país.
El "Canto a la libertad", que fue toda una declaración programática durante la transición y que convendría revisar hoy día porque tiene gran vigencia.


"Aragón", una de las mejores canciones reivindicativas del orgullo de ser aragonés y convertida hoy día en el himno de facto de la comunidad.




"Me dicen que no quieres". Otra declaración de amor a la tierra que lo vio nacer.


Y "Canción de amor". Un de las canciones de amor más intensas, bellas y emocionantes que he escuchado. La letra es anónima, pero labordeta la interpreta mejor que nadie.




14 de septiembre de 2010

Un jornalero en los secretos del Estado

Antonio Romero no es un político al uso por eso sus memorias (editorial Almuzara)  tampoco son las típicas del político que finalmente se decide a confesar los entresijos de su vida pública. Romero es un hombre corriente que por los avatares de la vida, por su afán de luchar contra la injusticia y la miseria del mundo en el que se movió desde niño, llegó a ocupar posiciones muy relevantes dentro de la estructura política de su partido y de las instituciones del Estado. Luchó contra los GAL, contra la corrupción en la Guardia Civil y contra el denominado felipismo. Pero siempre lo hizo desde la transparencia en todas sus actuaciones. Seguramente Romero es uno de los pocos políticos que, tras retirarse de la vida pública, vive en el mismo pueblo donde nació y casi en la misma casa, en Humilladero (Málaga), junto a sus amigos de la infancia y entre jornaleros como él. "Con mi gente", como repite a menudo.
En sus memorias, Antonio no aportan grandes descubrimientos periodísticos ni revela escandalosos secretos de Estado, pero si cuenta, con el gracejo y la capacidad de comunicación que siempre ha tenido, cómo vivió en primera línea acontecimientos trascendentales de la vida política española, como la legalización del PCE en el que milita desde adolescente, el nacimiento de la autonomía andaluza o el caso Roldán, puntilla del gobierno de Felipe González. 
No faltan sus jugosas opiniones -ahora más libres al no estar sujeto a compromisos de partido- sobre los personajes a los que tuvo que tratar, como el propio Felipe González, Gerardo Iglesias, Julio Anguita, Nicolás Sartorius, Rosa Aguilar o Felipe Alcaraz.
Por su trabajo para esclarecer los GAL recibió amenazas de muerte y tuvo el teléfono pinchado durante mucho tiempo. Sin embargo, al mismo tiempo, contó con el apoyo de una buena parte de los miembros de la Guardia Civil, que veía en él a un hombre honrado que trataba de dignificar la imagen del cuerpo, tan deteriorada por la guerra sucia.
Pero las memorias de Romero no están escritas con el retrovisor. También hay análisis de futuro y cuestiones de gran actualidad, como la encrucijada en la que se encuentra la izquierda hoy día. Romero recuerda lo que le dijo una vez un colaborador de Enrico Berliguer, el entonces líder del Partido Comunista Italiano:  "sabemos muy bien lo que no queremos y lo que no somos, pero aún tenemos que definir lo que proponemos". Esta cuestión, según Romero, sigue pendiente hoy más que nunca con el avance del ultracapitalismo, ya que la izquierda ha perdido su capacidad propositiva.
Las memorias de Romero son interesantes también para conocer cómo era la dura realidad de los hombres del campo en los años cincuenta y sesenta, en pleno franquismo, donde el hambre, la represión y la inmigración eran moneda corriente.
Hoy Romero no está completamente retirado. Lucha contra su parkinson, del que habla con naturalidad en sus memorias, y sigue en el empeño de trabajar por una España republicana, no en vano es el coordinador de la Red de Municipios por la Tercera República.
 Una de las imágenes que Romero incluye en su libro: un servidor entregándole, durante la cena  anual de la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APM), el premio al diputado con mejor relación con la prensa. No recuerdo el año, pero probablemente sea hacia finales del felipismo.

Más información sobre Romero aquí, aquí, aquí, aquí o aquí.

30 de julio de 2010

Folclorismo cultural, cultura folclórica


Resulta desalentador comprobar cómo el Partido Popular, acuciado por la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, se apresura a pedir al Congreso que declare bien de interés cultural a la denominada Fiesta Nacional mientras que en otros asuntos infinitamente más importantes que afectan al patrimonio se comporta como un depredador adorador del ladrillazo y la piqueta.
Es muy loable su interés por la fiesta de los toros. La decisión del Parlament, prohibiendo las corridas es muy discutible, sobre todo si al mismo tiempo permite, en un ejercicio de incoherencia, que se sigan celebrando otros festejos que incluyen actos de salvajismo contra los toros. Para estos sí consideran a la tradición como excusa razonable para no erradicarlos de su territorio.
El PP, sin embargo, tiene toda el alma puesta en acabar con una zona de gran interés cultural e histórico como es el barrio del Cabanyal, de Valencia. Allí Rita Barberá lucha contra todos, incluido el Tribunal Constitucional, para destruir el único ejemplo de barrio de pescadores (con estilo modernista) que queda en una gran ciudad del Mediterráneo. Y su partido, con el cuestionado Francisco Camps a la cabeza, hace piña con ella en su afán destructivo.
Lo mismo sucedió con las ruinas de Numancia, donde la Junta de Castilla y León se ha comportado como un segundo Escipión, o en Murcia, donde el ayuntamiento del PP estaba dispuesto a destruir sin pestañear los restos de la ciudad árabe del siglo XIII que aparecieron al construir un aparcamiento.
En todos estos casos fueron las iniciativas populares las que lograron detener el expolio cultural, aunque no al cien por cien porque la Justicia (en cuya mano está siempre la decisión final) es más lenta que las excavadoras.
También el patrimonio natural está en riesgo cuando los políticos del PP se quitan las gafas de la miopía. Son los casos de Candeleda y de las Navas del Marqués, ambos en Ávila, en los que se desprecia el bosque, la naturaleza, la fauna y la flora, herencia de todos, en favor de la iniciativa privada, el urbanismo, la especulación y los sempiternos campos de golf.
Madrid no se libra de la especulación. El caso de las Vistillas en pleno centro de la capital, en el que el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón heredó de su antecesor, el beato Álvarez del Manzano un macroproyecto con el único fin de favorecer a la Iglesia en el denominado MiniVaticano. La Justicia, una vez más gracias a la movilización vecinal, lo ha paralizado pero ya conocemos el empecinamiento de Gallardón: ha recurrido.
Y la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, no contenta con colocar un campo de golf en pleno Chamberí, donde debía haber zonas verdes para todos, recorta el área del Parque de Guadarrama, limitando la protección a las cumbres. De este modo deja campo libre a la afición favorita de los cargos publicos del partido: especulación urbanística, talas de árboles, destrucción de ZEPAS, privatización de zonas públicas y quizá, cómo no, algún campo de golf.
En suma, que el eslogan de la política del Partido Popular en materia de patrimonio es el de ¡vivan los toros y la piqueta!
La próxima iniciativa quizá sea la de reclamar la protección de la pandereta y la zambomba.

14 de julio de 2010

Nafsak


Nafsak es el primer libro de poemas de Navarro Beloqui. Según me cuenta, ese término extraño, nafsak, significa tú mismo en árabe. Apropiado en un volumen que habla del amor de uno mismo y de los demás. Aunque lo hace en términos oscuros, difíciles, tanto que a veces es necesario reeler despacio los poemas para intentar desentrañar su significado, 


Sueño diabólico

Qué término desastre
colapsa la yugular de la encina
cuando los ángeles afirman
que no existen
y el umbral de tu puerta
pierde plumas de ave.


Buen 'charm'

Subvertida en el sueño famélico del amor,
el maremoto triste de la luna
que avanza o retrasa la esperanza de las olas
es tu aliado.


envueltos en potentes imágenes y bellísimas aliteraciones,


En los valles

Pide tus labios un amanecer,
busca el secreto horadado en la roca de tu boca
recorre los valles de las comisuras y
sorbe hermosos suspiros de espuma.



O con contundentes anáforas,


Palabras tónicas

Ateneo de centeno entre unos labios.
Palabra negra
Palabra muerta
Palabra de pena
se lamenta de amor.


Un libro de poemas que habla del amor, de sus espinas y de sus heridas, de los amantes y de los estragos por los que respiran. Un sorbo de literatura fresca pero no sencilla que obliga a ejercitar la mente y no solo el corazón. 
Pronto sabremos más cosas de Navarro Beloqui, sin duda.

9 de julio de 2010

En Valladolid, con el "Tesoro de Vulturia"

Ayer estuve en Valladolid, de bolos, para promocionar mi última novela, El tesoro de Vulturia. Hice un recorrido por la televisión autonómica de Castilla y León, la Ser, la Cope, Punto Radio, El Norte de Castilla y de nuevo la televisión autonómica para grabar otro programa.
Tenía que empezar tan temprano la jornada (8.45 h), con una tertulia en directo en la televisión regional que me fui a Valladolid la víspera para no tener que darme un madrugón. Eso me obligó a ver allí el partido de semifinales del Mundial de Sudáfrica entre España y Alemania. Me sorprendió el ambientazo que había allí ya desde media tarde, con gente por la calle con las pinturas de guerra rojigualdas, con camisetas y banderas de la selección.
Me resultó un poco deprimente tener que ver el partido a solas en la habitación del hotel. Pedí un bocata de calamares al servicio de habitaciones, cogí un refresco del mini-bar y me acomodé en la cama para disfrutar del espectáculo. La victoria de España y el buen juego del equipo compensó la soledad.
Al día siguiente, al tajo. Acompañado por el jefe de prensa de Algaida, Óscar Oliveira, y un calor sofocante, tuve una jornada de no parar aunque sumamente agradable, no solo por el trato recibido en los diferentes medios de comunicación que visité, sino por el gusto de volver a pasear por una ciudad en la que viví durante cuatro años (entre 1984 y 1988) y que ha crecido desmesuradamente. Pese a ello parece que sigue siendo un lugar muy cómodo para vivir.
Y además tuve una agradable sorpresa al compartir la tertulia que abría el día, no solo con Pedro Damián de Diego, amigo y compañero de la Agencia Efe, cuya participación conocía, sino con Jesús Fonseca, delegado de  La Razón en Castilla y León y alguien que fue importante para que yo pudiera comenzar a escribir novela cuando fue mi director en Efe allá por 1997 (ver el vídeo de abajo). También estaba Angélica Tanarro, periodista del El Norte de Castilla. 

Aquí os dejo el vídeo del programa. Os aviso: dura media hora. Pero creo que es muy entretenido.
Y si queréis leer la entrevista que me hicieron en El Norte de Castilla y que se ha publicado hoy, pinchad aquí.

25 de junio de 2010

En el Toletum de los visigodos

El otro día estuve en Toledo para una entrevista con motivo de mi última novela, El tesoro de Vulturia. Fue el delegado de la Agencia Efe en Castilla-La Mancha, Enrique Merino quien me la hizo. Para hablar de una novela que trata de la expansión de los visigodos por la península Ibérica, qué mejor escenario que la ciudad que fue su capital en España hasta la entrada de los árabes. 
Con el fotógrafo, y gracias a la amabilidad de Alfonso García, ex periodista de Telemadrid y TVE y actual jefe de prensa de la sociedad pública Toletum Visigodo, que nos franqueó la entrada, pudimos visitar los terrenos de la Vega Baja en los que se asentó Toletum y que hoy son objeto de investigaciones arqueológicas. 
Lamentablemente hay muy poco que ver por el momento, ya que, a la espera de que se inicie la campaña de este año, el lugar es un solar inhóspito lleno de yerbajos de un metro de alto. Sin embargo, hay que estar satisfechos de que la zona se haya librado de la piqueta pues hasta no hace mucho se proyectaba edificar encima un complejo urbanístico que hubiera destruido el yacimiento, de lo que ya escribí en este blog.
El fruto de aquel día es la entrevista que reproduzco abajo, además de esta y otras fotos en las que aparezco tan hermoso y cocido de calor.
La entrevista puede leerse también aquí y aquí, si preferís los sitios originales.


Entrevista completa:

Francisco Galván rastrea la época visigoda en "El tesoro de Vulturia"

 Agencia EFE
Toledo.- El pasado oscuro y mal conocido de los visigodos ha inspirado de nuevo al periodista y escritor madrileño Francisco Galván para fabular y escribir su segunda "novela policíaca visigoda", como él define "El tesoro de Vulturia".
"Me llama mucho la atención esa época tan oscura, de cómo se pasó de unos tiempos, de muchos siglos de cultura, de civilización ordenada y razonable y de paz, a una época de absoluto oscurantismo, de destrucción de todo lo anterior, físicamente, y de pensamiento", afirma Galván en una entrevista con Efe.
"El tesoro de Vulturia" recrea las aventuras del héroe visigodo Wulfric y la comunidad de leprosos de la ciudad imaginaria de Vulturia, que el autor sitúa en lo que es hoy la reserva de aves rapaces de Montejo de la Vega, en el cañón del río Riaza, en Segovia.
En esa época, en el Siglo V, "la gente estaba más preocupada por sobrevivir que por escribir, influenciada, además, por la gran manipulación de la Iglesia", observa el periodista, que trabaja en el departamento de Contenidos Digitales de la Agencia Efe.
"El tesoro de Vulturia" (editorial Algaida) es la octava novela de Galván (Madrid, 1958), con la que ha ganado este año el IV Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, dotado con 12.000 euros.
"De buitres y lobos" fue el primer libro "visigodo" que escribió Galván, aunque el cuarto en publicar, en 2005, y en él aparecen personajes que se repiten en "El tesoro de Vulturia", pero ambos libros no forman parte de una saga y pueden leerse separadamente, aunque su autor advierte que "puede ser el germen de una serie".
Galván dice que tardó un año en escribir "El tesoro de Vulturia" y que lo hizo de forma "muy caótica" sin someterse a la dictadura de los horarios y plazos de entrega porque dice que no vive de la Literatura "de lo cual me alegro".
Las lecturas tempranas sobre los godos despertaron en Galván la curiosidad por ese mundo que, unido a la ausencia de material histórico escrito, abonaron el terreno para la fabulación, afirma.
En el tema de los visigodos, "hay un campo más amplio para fabular porque se sabe poco, pero igualmente hay que estudiar la época, cosa que no tienes que hacer, o en menor medida, con la novela ambientada hoy día", señala el periodista.
"Lo básico de una novela -agrega- es la fantasía de crear de la nada. Escribir novelas es lo más parecido a Dios: es crear de la nada. Partes de cero y creas algo que acaba teniendo vida por sí mismo".
Galván se declara escritor "de vocación tardía", que comenzó cuando cayó en sus manos "Historia de los godos", de Henry Bradley, un libro que le llamó poderosamente la atención.
"Sabemos más de los romanos porque todo lo dejaban escrito, al contrario que los visigodos", cuya entrada en España supuso "un paso atrás gigantesco en todo" aunque si algo lograron fue la "consolidación del Cristianismo, de la España católica" y el concepto de "reserva espiritual de Occidente", afirma.
Galván cultiva más la novela histórica que otros géneros, aunque en una fugaz incursión en la comedia, ganó con "El Rabo del diablo" el premio Diablo Cojuelo de Novela Picaresca de Écija (Sevilla) en el 2001, galardón que le entregó el escritor Juan Eslava Galán, de quien se declara una "ferviente admirador".
Por entonces, dice, ya llevaba tres o cuatro novelas escritas y metidas en un cajón "con la esperanza de publicarlas algún día".
Galván se declara un admirador de Hernán Cortés, el conquistador de México, y asegura que leyó mucho sobre su vida y se empapó de las costumbres y lenguaje de su época para poder escribir una novela sobre sus andanzas en el Nuevo Mundo.
"Hasta que no escribí dos novelas, no me atreví con la de Cortés", afirma Galván, expresando de esta forma el "respeto" que le inspira la figura del conquistador extremeño.
Galván no se ciñe a un solo periodo de la Historia e, incluso, salta desde la época visigoda en el Siglo V a la aventura española en América en el Siglo XVI, con "Las esmeraldas de Cortés" (2000), y al XIX con "Memorias del guerrillero de dos cabezas".
Esta última novela, que publicó en 2008, coincidiendo con el 200 aniversario del comienzo de la Guerra de la Independencia contra los franceses, mezcla incluso dos periodos pictóricos por mor de la trama, los representados por Diego Velázquez (1599-1660) y Francisco de Goya (1746-1828).
Además de las novelas mencionadas, Galván ha escrito también "Cuando el cielo se caiga" (2002, premio Ateneo de Valladolid), "El evangelio de Barrabás" (2007) y "Sangre de caballo" (2008).



 

22 de junio de 2010

Con los amigos en la feria del Libro

El otro día estuve firmando mis novelas en la Feria del Libro de Madrid, en especial la última, El tesoro de Vulturia, con la que gané la IV edición del premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica y es la que estamos promocionando. El día no fue el más propicio para estas cosas porque llovió por la mañana y luego, a primera hora de la tarde cayó una chupa de agua impresionante. Sin embargo, como si los dioses hubieran querido serme propicios (a mí y a los demás interesados en que la Feria fuera un éxito), a las seis de la tarde el cielo se abrió un poco y permitió a la gente acudir sin miedo al Retiro.
Allí estuve con algunos amigos que quisieron acompañarme y con otros que no lo eran y que se acercaron para comprar mi novela. A todos ellos, gracias por desafiar la amenaza de chaparrón en el penúltimo día de Feria. Fue una jornada para ampliar amistades y, sobre todo, para conocer en persona a gente que solo he tratado a través de la blogosfera. Es el caso de Balovega, que además de pasarse con su marido para verme, hizo unas fotos que luego ha publicado en su blog y otras que me ha facilitado para usarlas yo aquí. A mi se me olvidó la cámara, ya que estaba más pendiente del paraguas, y solo dispuse del móvil para sacar alguna imagen de mala calidad.
Dicen que estos actos sirven para conocer a los lectores, y es verdad, pero a mí me permiten, además, tomar contacto directo con los amigos blogueros. Si este año he conocido a Balovega, el año pasado tuve ocasión de conocer a Josek. Poco a poco nos vamos conociendo todos.

4 de junio de 2010

El 12 de junio, cita en la Feria del Libro de Madrid

El sábado 12 de junio estaré en la Feria del Libro de Madrid para firmar ejemplares de mis novelas, en especial de la última, El tesoro de Vulturia, ganadora de la IV edición del Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica.

La cita es de 19.00 a 21.00 horas en las casetas de la Editorial Anaya, que son las numeradas del 170 al 174.
Os espero a todos, como siempre, no para vender libros sino para tomar una cervecita después, cuando el calor ya no apriete tanto.

2 de junio de 2010

"El tesoro de Vulturia" (2): Genserico y la matanza de los nobles

El rey vándalo Genserico se asentó con su pueblo en los terriorios que el Imperio romano tenía en el norte de África. Expulsado por los visigodos de Hispania, vándalos y alanos, fundidos en una sola nación, cruzaron el Estrecho el año 429 y se apoderaron de la que probablemente era la provincia más rica del Imperio después de Egipto. En su viaje hasta Cartago, los vándalos cercaron Hipona, de donde era obispo el anciano Agustín, uno de los padres de la Iglesia. En el cerco murió el que después sería proclamado santo. La Iglesia nunca perdonó a los vándalos, de religión arriana, este hecho, y su apoyo a los donatistas que hasta ese momento habían sido perseguidos por los católicos, expoleados, entre otros, por Agustín. Pero mucho peor fue para la Iglesia el posterior saqueo de Roma, en el 445, a pesar de que respetaron las vidas y no incendiaron la ciudad por petición expresa del papa León I el Magno. Por estas acciones imperdonables, la Iglesia anatemizó a los vándalos hasta el punto de que hoy día, de forma injusta, se conoce como vandalismo cualquier atentado contra los bienes o las cosas.

Cuando Genserico se sintió seguro en las fronteras de su reino, procedió a la purga interna con el único fin de asegurarle a su hijo Hunerico la sucesión en el trono. Con la excusa de la existencia de una conspiración, el año 442, ordenó pasar a cuchillo a la mayoría de los nobles vándalos y alanos de su corte.

Entre las víctimas de esta purga estaba Atanasés, el hijo de Atax, el último rey alano independiente, que murió en Hispania en una batalla total y definitiva contra los visigodos el año 418. Tras esta derrota, y siendo Atanasés muy niño, los nobles alanos prefirieron ofrecer la corona de su pueblo a Genserico y fundirse con los vándalos. Estos, once años después, fueron derrotados también por los visigodos y expulsados de la peninsula.

Atanasés supo que Genserico planeaba una matanza y tuvo tiempo de poner a salvo a su único hijo, Tarbalés, apenas un niño. Antes de entregárselo a un monje de confianza que se lo llevó a un monasterio agustino del  sur, en el desierto, le grabó con una daga unos tatuajes en el brazo. El pequeño Tarbalés estaba aterrorizado pero su padre lo tranquilizó dicéndole que cuando fuera adulto averiguara el significado de los signos que le acababa de tatuar.



Tarbalés creció junto al enorme y árido mar de arena, más allá de la frontera del reino vándalo, lejos del alcance de Genserico, y trabó amistad con los señores de aquella tierra inhospita, los imuhagh, los hombres azules del desierto.

Años después, hacia el 472, algunos de los viejos camaradas de su padre, que se salvaron de la purga, ofrecen a Tarbalés encabezar un levantamiento contra el octogenario Genserico y ocupar el trono.








30 de mayo de 2010

Eliseo García Nieto

Eliseo es un compañero de trabajo en la Agencia Efe. Ocupamos la misma silla, pero a distintas horas. Yo, por las mañanas y él por las tardes. Bueno, en realidad no usamos la misma silla porque a él no le gusta la que yo le dejo, calentita, y siempre la cambia por otra. Cuestión de riñones, dice.
Eliseo es un cineasta con varios cortos memorables a sus espaldas, algunos de ellos multipremiados. Acaba de terminar un largo que ha producido él mismo y del que pronto tendremos noticias. Además, recientemente ha sido finalista (segundo) del premio Bubok de relatos 2010 con su novela Señoras y señores, es muy triste escribir pero peor es llorar. Es un hombre polifacético, imaginativo y con un sentido del humor y una mordacidad como he visto muy pocas en mi vida.
Os dejo cuatro cortos, a cual mejor. En el último, el de Fascículos, fue guionista y productor, y contó con actores ta notables como Joaquín Notario y Cesáreo Estébanez, además de la actriz porno Celia Blanco.


 








26 de mayo de 2010

"El tesoro de Vulturia" (1): la ciudad olvidada

Vulturia es la ciudad de los buitres. Así la llamaron los romanos cuando invadieron Iberia y la conquistaron a sangre y fuego. Pero los antiguos arévacos la conocían como Saigosa, que significa posadero de buitres.

Estaba situada en la enorme planicie que hiende el río Casuar, cuyo acantilado servía de protección natural a una buena parte de su perímetro y que además acogía a una gran población de buitres que anidaban en sus escarpes y cuevas. De ahí el nombre.
El buitre era un animal sagrado para los antiguos arévacos, que preferían dejar a sus muertos a la intemperie para que los buitres se alimentaran con su carne. Consideraban que esta era la única forma de que el alma de los hombres llegara a las alturas donde moraban los dioses. El buitre era así el intermediario entre dioses y seres humanos.
La cercanía al tajo y la constitución porosa del terreno calcareo dotó a Saigosa de un subsuelo cavernoso, con cientos de cuevas y pasadizos que permitían a sus habitantes acceder directamente al río, lo cual les facilitaba una vía de escape. Incluso era fácil perderse en el laberinto y acabar en una de las oquedades que servían de cobijo a los buitres, a muchos metros de altura sobre el curso fluvial.
Estos túneles naturales permitieron a su población eludir una suerte semejante a la de los numantinos, ya que después de un mes y medio de asedio por las tropas de Publio Cornelio Escipión, los saigosanos, viéndose perdidos, optaron por huir para salvar sus vidas. Esto sucedió en diciembre del año 133 antes de Cristo.
Varios siglos después, allá por el año 250, una peste diezmó la población de Vulturia, ya completamente romanizada. Murió el 75 por ciento de sus habitantes. Culparon de la infección a la proximidad de los buitres y a las carroñas que comían por lo que la ciudad fue abandonada al ser considerada insana.
De este modo, la mítica Saigosa que veneraba al buitre, la brillante Vulturia que competía con Segovia en lujo y desarrollo urbano, fue olvidada durante generaciones.
Hasta el año 470 en el que a sus pies, en el fondo del acantilado, en la mayor de las grutas excavadas por el río, se instaló una colonia de leprosos.
Poco después, el rey visigodo Eurico, en agradecimiento a unos servicios prestados en relación con la sistemática ocupación de Hispania que había iniciado, permitió a los leprosos instalarse en la ciudad y reconstruirla.

Hoy no queda rastro de la ciudad. Pero el río sigue fluyendo, aunque con otro nombre: Riaza. Y los buitres continúan poblando sus escarpadas hoces. Ya no se les considera malditos, sino que se les protege, y la zona ha sido declarada parque natural. Es la reserva natural de las Hoces del río Riaza (Segovia), donde además de buitres hay yacimientos arqueológicos.


21 de mayo de 2010

Inauguración y reencuentro con antiquísimos amigos


No solo fue la inauguración de la exposición de Alfonso Martín Burguillo (que también), sino el reencuentro con viejísimos amigos a los que no veía desde hace casi treinta años. Eran el núcleo duro de aquel ateneo libertario que fundamos en el barrio de San José Obrero (Carabanchel) allá por los años... presocialistas. Es decir, anteriores a 1982. Ya conté algo en un post anterior (este) cuando relaté mi reencuentro con uno de ellos, con Alfonso, precisamente. La inauguración de la exposición de este magnífico pintor que es ahora Alfonso (tengo que buscar el dibujito que me hizo hace treinta años, archivado en alguna de las carpetas de casa) me sirvió de excusa para reencontrarme con varios de aquellos amigos con los que había perdido el contacto por razones que no sabría explicar.
Allí estaban Francisco del Castillo (ver vídeo), convertido hoy en uno de los mayores expertos de España en análisis sensorial de alimentos y bebidas (es algo mucho más importante que un sumiller, ojo), su hermano Quique, empresario de pro, y Esteban Hernández, ingeniero de Alcatel felizmente jubilado ¡desde los 51 años, qué envidia! Es curioso, a Esteban dejé de verlo casi cuando comenzaba su carrera profesional y me lo reencuentro ahora ya jubilado.
(En la foto, de izquierda a derecha: Alfonso, yo, Francisco, Esteban, mi mujer y Quique)

El encuentro fue muy agradable. Charlamos de los viejos tiempos, nos pusimos al día sobre nuestras vidas y me informaron de otros amigos de la época a los que ellos ven de vez en cuando. Desgraciadamente, nos tuvimos que conformar con charlar, admirar los cuadros (que yo los califico de hiperrealismo consumista), tomar una cerveza y comer jamón y salchichón a costa del galerista porque de comprar, nada. El precio de las obras es prohibitivo para nuestros bolsillos.
Recomiendo una visita a la galería para verlos in situ. Si en fotografía sorprenden, verlos acercando la nariz a un palmo del lienzo es un gozo inenarrable.
La exposición está en la galería Jorge Alcolea (Claudio Coello, 28, Madrid) hasta el 17 de junio.




17 de mayo de 2010

De firmas, premios y caracoles por Sevilla

He pasado un fin de semana de lujo en Sevilla, adonde acudí para recoger el IV Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, que gané con El tesoro de Vulturia. Fui el viernes por la tarde y regresé el domingo por la noche. Tuve tiempo para todo. Firmé en varias casetas de la Feria del Libro, instalada en la plaza Nueva, recogí el premio de manos del presidente del Ateneo sevillano y aún me sobró para disfrutar de la ciudad, pasear en compañía de mi mujer y degustar las famosas tapas de los bares y tascas. Se llevaron la palma los caracoles de los garitos de la plaza de la Alfalfa, muy recomendables, aunque resulta dificil hacerse con una mesa en la terracita, a la sombra.


(En la terraza del bar Gran Tino)

La entrega del premio fue el domingo, en la pérgola de la feria, en una tarde en la que el verano acabó de explotar definitivamente. Allí, a la sombra de los toldos, el presidente del Ateneo de Sevilla,  Alberto Máximo Pérez Calero, el editor de Algaida, Miguel Ángel Matellanes, y este servidor compartimos un rato agradable de charla ante el público antes de celebrar el acto protocolario de entrega del galardón.

(Un momento del acto en la pérgola de la feria del libro)

Este premio ha significado algo muy especial para mí y así lo expliqué haciendo un simil taurino. Lo mismo que el novillero recibe la alternativa de un matador consagrado en cualquier plaza de España, así recibí yo la alternativa en el mundo literario de manos del mejor maestro que podía soñar. Fue Juan Eslava Galán quien en 2001 me entregó los trastos propios de este oficio. Él presidía el jurado del primer premio que gané, el Diablo Cojuelo de Novela Picaresca, de Écija. Fue con mi novela El rabo del diablo, una comedia de enredo en el Madrid actual. Diez años después, no muy lejos de donde recibí esa alternativa, el premio Ateneo viene a ser, al menos para mí, la confirmación, el espaldarazo que me convence de que esa carrera que inicié con el pequeño empujón de Juan Eslava ha discurrido por el camino correcto y que ha merecido la pena el esfuerzo.

(Con Eslava, en Ecija. 2001)


También hablé de la novela, de su contenido y de algunos de los arquetipos que he incluido en ella. A veces, los colegas periodistas, cuando te entrevistan con motivo de la publicación de una nueva obra, suelen preguntar por "el mensaje que ha querido usted transmitir con esta novela". Entonces uno se ahueca un poco, y responde complacido: "me alegro de que me haga esa pregunta", y a continuación se inventa raudo un mensaje cualquiera. Porque, no nos engañemos, normalmente no buscas transmitir ningún mensaje ni la novela lo lleva; solo quieres divertirte tú escribiéndola y concederle a los lectores unas horas agradables y entretenidas con tu trabajo. Pero, claro, no es muy brillante decir eso, especialmente si te preguntan directamente por el mensaje profundo que contiene tu obra.
Pues mira tú por donde que yo en esta novela sí he querido dejar claros un par de conceptos, no tanto un  mensaje, lo cual sería muy pretencioso. Pero dichos conceptos no los explicaré aquí. Quien quiera conocerlos (y de paso hacerse una idea de por dónde va la novela) que lea este otro post: Los enemigos del Hombre. En sus dos primeros parráfos están definidas las ideas subyacentes de El tesoro de Vulturia, aunque la trama de la novela es algo más compleja.
El caso es que después del rollo en el que comenté estas y otras cosas, el editor de Algaida me entregó el cheque con el premio (visiblemente mermado por Hacienda) y luego el presidente del Ateneo me obsequió con una bonita (y pesada) escultura que representa el logotipo de Algaida.
(Entrega del premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica 2010)

Pérez Calero, un hombre encantador, me recordó luego que al haber ganado el premio me convierto automáticamente en miembro de pleno derecho del ateneo sevillano, con lo cual ya soy biateneista, pues también obtuve en su momento el de Valladolid con Cuando el cielo se caiga.
Cerré la jornada firmando en otra caseta en la que por fin pude reposar la sobredosis de caracoles y cerveza. Ahora me toca volver al castigo del régimen que me impuso la doctora por haber dado positivo de triglicéridos en el último control antidopaje al que me sometieron.

(En una de las casetas antes de comenzar las firmas del sábado)

8 de mayo de 2010

Firma en la Feria del Libro de Sevilla

El próximo sábado, día 15 de mayo, estaré en la Feria del Libro de Sevilla para firmar ejemplares de mi nueva novela, El tesoro del Vulturia. El programa que me ha preparado la editorial Algaida es el siguiente:

De 12.00 a 13.00 horas, en la caseta de la Casa del Libro.
De 13.00 a 14.00 horas, en la caseta de El Corte Inglés.
De 19.00 a 20.00 horas, en la caseta de la librería Minerva.


Al día siguiente (domingo, día 16), a las 18.00 horas, en un acto que se celebrará en la pérgola de la feria del libro, está previsto que me hagan entrega del IV Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, que gané con El tesoro del Vulturia.
Allí os espero a todos los que os apetezca compatir un rato.

4 de mayo de 2010

El evangelio de Barrabás, en libro de bolsillo


Acaba de salir a la venta en edición de bolsillo, en la colección ECO, de Algaida, mi novela El evangelio de Barrabás.
Se trata de un relato en varios planos temporales que se van alternando a lo largo de la narración. Uno de ellos trascurre hoy día, en el que un joven electricista se topa con unos extraños manuscritos que le ha legado su tío, en Merida, y que le traerán graves problemas porque se los quieren arrebatar desde el Vaticano a los servicios secretos españoles, pasando por un poderoso narcotraficante colombiano. Asuntos tan de actualidad como los trapicheos de los Legionarios de Cristo o la pederastia de los religiosos están presentes en la novela.
Otros planos nos conducen a diferentes épocas, como los tiempos del rey visigodo Leovigildo, de la científica y filósofa Hipatia de Alejandria, de San Agustín de Hipona, del historiador judío Flavio Josefo y, por supuesto, de Barrabás y Jesucristo. Con estos saltos temporales el lector irá comprendiendo cuál es la naturaleza de los codiciados manuscritos.
El primer capítulo, colgado por Algaida en su web, puede leerse aquí. debo advrtir que este primer capítulo puede herir la sensibilidad de algunos lectores poc acostumbrados a escenas violentas. pero les asguro que solo son esas primeras páginas.

28 de abril de 2010

El tesoro de Vulturia


Está a punto de llegar a las librerías mi última novela, El tesoro de Vulturia (Editorial Algaida), ganadora de la IV edición del Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, y esta es la portada que se ha elegido para ella.
En El tesoro de Vulturia cuento la historia de Tarbalés, nieto de Atax, el último rey alano, que trata de averiguar los extraños tatuajes que, a punta de cuchillo, le hizo su padre en el brazo cuando todavía era muy niño. El rastro de tan enigmáticas marcas conduce a Tarbalés, después de un periplo por varias ciudades del Mediterráneo, hasta Hispania, donde conoce a Wulfric, el mítico guerrero visigodo que gobierna Segovia y sus alrededores.
El príncipe alano deberá sortear a sus numerosos enemigos, entre ellos a los enviados de Genserico, el monarca vándalo que reina en el norte de África desde su corte de Cartago y al que Tarbalés aspira a derrocar algún día para vengar la muerte de su padre.
La novela tiene una trama compleja ya que al tiempo que se relatan las aventuras de Tarbalés, conocemos las pesquisas que inicia Wulfric para averiguar quién está matando sistemáticamente a los leprosos que viven en la inquietante ciudad de Vulturia.
Por su parte, la esposa de Wulfic, la bella hispanoromana Silvia Valentina, que se halla encinta, ha comenzado a aprender los extraordinarios poderes ocultos de la Naturaleza a través de las enseñanzas del viejo Boseildún, el último sacerdote de la arcaica religión de lo arévacos, uno de los pueblos prerromanos que habitan la meseta norte de Iberia.
En futuras entradas comentaré más cosas de la novela y de la época en que trascurre, el oscuro y azaroso siglo V, tan desconocido para los historiadores.
Aquí, el primer capítulo.

21 de abril de 2010

Alfonso Martín Burguillo, pintor


Alfonso Martín Burguillo es un pintor excelente. Un artista, diría yo; pero a él no le gusta ese apelativo. Prefiere considerarse un artesano, un profesional que se desempeña bien con los pinceles después de años de practicar el oficio y de depurar la técnica.
Su pintura me impactó al verla por primera vez. Le dije que podía definirse como hiperrealismo consumista y no le pareció descabellado. Creo incluso que le gustó.
Conocí a Alfonso hace más de treinta años, cuando ambos coincidimos en lo que llamábamos el Ateneo Libertario de San José Obrero, en Carabanchel. Algo pretencioso eso de Ateneo y mucho más lo de Libertario. En realidad era una excusa para pasarlo bien con los amigos. Frisábamos la veintena, quizá alguno más. Por aquel entonces yo estudiaba mi carrera de Periodismo ( y la terminaba) y Alfonso trabajaba en una empresa inmobiliaria, aunque ya le tiraba la pintura.
Por razones que desconozco o que no soy capaz de recordar, un día el Ateneo se desolvió y cada cual se fue por su lado. Eso ocurrió hacia el año 1982 poco más o menos. No volví a saber nada de Alfonso ni de ninguno de aquellos compañeros que formábamos tan heterogénea pandilla de iluminados.
Hasta hace unas semanas, en que tuve noticias de Alfonso de nuevo. Treinta años después y fue por el Tuenti. Pero no porque nos encontráramos nosotros directamente (yo no tengo Tuenti), sino que fueron nuestros hijos los que hilaron la casualidad. Una amiga del hijo de Alfonso es vecina de un amigo de mi hija. Algo complicado, sí. El caso es que el hijo de Alfonso le envió a mi hija una vieja foto y un texto: “Mi padre conoce a tu padre”.
La impresión que recibí cuando mi hija me enseñó la foto fue tremenda. Allí estaba yo, con treinta años menos, haciendo un escorzo para salir en la instantánea, cuyo protagonista absoluto era Alfonso, en primer plano. Reconocí a todos los que allí figuraban. En realidad yo tengo otras fotos de ese mismo día.
El caso es que después de intercambiar algunos correos electrónicos, decidimos quedar un sábado por la tarde. Alfonso está igual que entonces, solo que con canas y barba. Yo estoy hecho un desastre. No hay más que verme.

 (yo soy el rubio de la izquierda que se agacha para salir en la foto)

Quedamos a las siete de la tarde. Hablamos, hablamos y hablamos de todo durante nueve horas.  Hasta las cuatro de la madrugada. Como si no hubiera pasado el tiempo. Tuvimos tiempo de comer y beber en los míticos Minutejos, el bar Viñas (qué navajas, Dios) y el Mirador de San Isidro (gallinejas y casquería varia). Pero sobre todo, nos contamos nuestras vidas y recordamos los viejos tiempos. Me explicó lo que ha sido de algunos de aquellos amigos del ateneo que, como él, continúan viviendo en el barrio de San José Obrero. Alguno hasta ya se prejubiló. Qué envidia.
Alfonso es un pintor excelente y un magnífico fotógrafo. Ha montado muchas exposiciones y vendido muchos cuadros, lo que le permite vivir de su pasión (la inmobiliaria la dejó en los años ochenta). Actualmente prepara una nueva exposición, a marchas forzadas, para el mes de junio, en Madrid. Ya informaré del día para el que quiera ir a verla. Merecerá la pena porque sus pinturas son propias de un artista, aunque a él no le guste que se lo digan.


Otra foto de los ateneístas. Yo soy el de la camiseta de rayas azules y blancas. La chica guapísima que está abajo, sentada en el extremo derecho, hoy es mi mujer. Alfonso no está. Supongo que fue él quien tiró la foto. 


Y aquí os dejo algunas pinturas al óleo de Alfonso, similares a las que expondrá en junio:



El que quiera ver más que visite su flickr, aquí, o, por supuesto, en san Google.

CINCO PUÑALADAS Y UN DISPARO

¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Bang! ¡Zas! Expiró aferrado al policía, pensando en sus hijas. No pudo soportar que lo multara por...