30 de mayo de 2010

Eliseo García Nieto

Eliseo es un compañero de trabajo en la Agencia Efe. Ocupamos la misma silla, pero a distintas horas. Yo, por las mañanas y él por las tardes. Bueno, en realidad no usamos la misma silla porque a él no le gusta la que yo le dejo, calentita, y siempre la cambia por otra. Cuestión de riñones, dice.
Eliseo es un cineasta con varios cortos memorables a sus espaldas, algunos de ellos multipremiados. Acaba de terminar un largo que ha producido él mismo y del que pronto tendremos noticias. Además, recientemente ha sido finalista (segundo) del premio Bubok de relatos 2010 con su novela Señoras y señores, es muy triste escribir pero peor es llorar. Es un hombre polifacético, imaginativo y con un sentido del humor y una mordacidad como he visto muy pocas en mi vida.
Os dejo cuatro cortos, a cual mejor. En el último, el de Fascículos, fue guionista y productor, y contó con actores ta notables como Joaquín Notario y Cesáreo Estébanez, además de la actriz porno Celia Blanco.


 








26 de mayo de 2010

"El tesoro de Vulturia" (1): la ciudad olvidada

Vulturia es la ciudad de los buitres. Así la llamaron los romanos cuando invadieron Iberia y la conquistaron a sangre y fuego. Pero los antiguos arévacos la conocían como Saigosa, que significa posadero de buitres.

Estaba situada en la enorme planicie que hiende el río Casuar, cuyo acantilado servía de protección natural a una buena parte de su perímetro y que además acogía a una gran población de buitres que anidaban en sus escarpes y cuevas. De ahí el nombre.
El buitre era un animal sagrado para los antiguos arévacos, que preferían dejar a sus muertos a la intemperie para que los buitres se alimentaran con su carne. Consideraban que esta era la única forma de que el alma de los hombres llegara a las alturas donde moraban los dioses. El buitre era así el intermediario entre dioses y seres humanos.
La cercanía al tajo y la constitución porosa del terreno calcareo dotó a Saigosa de un subsuelo cavernoso, con cientos de cuevas y pasadizos que permitían a sus habitantes acceder directamente al río, lo cual les facilitaba una vía de escape. Incluso era fácil perderse en el laberinto y acabar en una de las oquedades que servían de cobijo a los buitres, a muchos metros de altura sobre el curso fluvial.
Estos túneles naturales permitieron a su población eludir una suerte semejante a la de los numantinos, ya que después de un mes y medio de asedio por las tropas de Publio Cornelio Escipión, los saigosanos, viéndose perdidos, optaron por huir para salvar sus vidas. Esto sucedió en diciembre del año 133 antes de Cristo.
Varios siglos después, allá por el año 250, una peste diezmó la población de Vulturia, ya completamente romanizada. Murió el 75 por ciento de sus habitantes. Culparon de la infección a la proximidad de los buitres y a las carroñas que comían por lo que la ciudad fue abandonada al ser considerada insana.
De este modo, la mítica Saigosa que veneraba al buitre, la brillante Vulturia que competía con Segovia en lujo y desarrollo urbano, fue olvidada durante generaciones.
Hasta el año 470 en el que a sus pies, en el fondo del acantilado, en la mayor de las grutas excavadas por el río, se instaló una colonia de leprosos.
Poco después, el rey visigodo Eurico, en agradecimiento a unos servicios prestados en relación con la sistemática ocupación de Hispania que había iniciado, permitió a los leprosos instalarse en la ciudad y reconstruirla.

Hoy no queda rastro de la ciudad. Pero el río sigue fluyendo, aunque con otro nombre: Riaza. Y los buitres continúan poblando sus escarpadas hoces. Ya no se les considera malditos, sino que se les protege, y la zona ha sido declarada parque natural. Es la reserva natural de las Hoces del río Riaza (Segovia), donde además de buitres hay yacimientos arqueológicos.


21 de mayo de 2010

Inauguración y reencuentro con antiquísimos amigos


No solo fue la inauguración de la exposición de Alfonso Martín Burguillo (que también), sino el reencuentro con viejísimos amigos a los que no veía desde hace casi treinta años. Eran el núcleo duro de aquel ateneo libertario que fundamos en el barrio de San José Obrero (Carabanchel) allá por los años... presocialistas. Es decir, anteriores a 1982. Ya conté algo en un post anterior (este) cuando relaté mi reencuentro con uno de ellos, con Alfonso, precisamente. La inauguración de la exposición de este magnífico pintor que es ahora Alfonso (tengo que buscar el dibujito que me hizo hace treinta años, archivado en alguna de las carpetas de casa) me sirvió de excusa para reencontrarme con varios de aquellos amigos con los que había perdido el contacto por razones que no sabría explicar.
Allí estaban Francisco del Castillo (ver vídeo), convertido hoy en uno de los mayores expertos de España en análisis sensorial de alimentos y bebidas (es algo mucho más importante que un sumiller, ojo), su hermano Quique, empresario de pro, y Esteban Hernández, ingeniero de Alcatel felizmente jubilado ¡desde los 51 años, qué envidia! Es curioso, a Esteban dejé de verlo casi cuando comenzaba su carrera profesional y me lo reencuentro ahora ya jubilado.
(En la foto, de izquierda a derecha: Alfonso, yo, Francisco, Esteban, mi mujer y Quique)

El encuentro fue muy agradable. Charlamos de los viejos tiempos, nos pusimos al día sobre nuestras vidas y me informaron de otros amigos de la época a los que ellos ven de vez en cuando. Desgraciadamente, nos tuvimos que conformar con charlar, admirar los cuadros (que yo los califico de hiperrealismo consumista), tomar una cerveza y comer jamón y salchichón a costa del galerista porque de comprar, nada. El precio de las obras es prohibitivo para nuestros bolsillos.
Recomiendo una visita a la galería para verlos in situ. Si en fotografía sorprenden, verlos acercando la nariz a un palmo del lienzo es un gozo inenarrable.
La exposición está en la galería Jorge Alcolea (Claudio Coello, 28, Madrid) hasta el 17 de junio.




17 de mayo de 2010

De firmas, premios y caracoles por Sevilla

He pasado un fin de semana de lujo en Sevilla, adonde acudí para recoger el IV Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, que gané con El tesoro de Vulturia. Fui el viernes por la tarde y regresé el domingo por la noche. Tuve tiempo para todo. Firmé en varias casetas de la Feria del Libro, instalada en la plaza Nueva, recogí el premio de manos del presidente del Ateneo sevillano y aún me sobró para disfrutar de la ciudad, pasear en compañía de mi mujer y degustar las famosas tapas de los bares y tascas. Se llevaron la palma los caracoles de los garitos de la plaza de la Alfalfa, muy recomendables, aunque resulta dificil hacerse con una mesa en la terracita, a la sombra.


(En la terraza del bar Gran Tino)

La entrega del premio fue el domingo, en la pérgola de la feria, en una tarde en la que el verano acabó de explotar definitivamente. Allí, a la sombra de los toldos, el presidente del Ateneo de Sevilla,  Alberto Máximo Pérez Calero, el editor de Algaida, Miguel Ángel Matellanes, y este servidor compartimos un rato agradable de charla ante el público antes de celebrar el acto protocolario de entrega del galardón.

(Un momento del acto en la pérgola de la feria del libro)

Este premio ha significado algo muy especial para mí y así lo expliqué haciendo un simil taurino. Lo mismo que el novillero recibe la alternativa de un matador consagrado en cualquier plaza de España, así recibí yo la alternativa en el mundo literario de manos del mejor maestro que podía soñar. Fue Juan Eslava Galán quien en 2001 me entregó los trastos propios de este oficio. Él presidía el jurado del primer premio que gané, el Diablo Cojuelo de Novela Picaresca, de Écija. Fue con mi novela El rabo del diablo, una comedia de enredo en el Madrid actual. Diez años después, no muy lejos de donde recibí esa alternativa, el premio Ateneo viene a ser, al menos para mí, la confirmación, el espaldarazo que me convence de que esa carrera que inicié con el pequeño empujón de Juan Eslava ha discurrido por el camino correcto y que ha merecido la pena el esfuerzo.

(Con Eslava, en Ecija. 2001)


También hablé de la novela, de su contenido y de algunos de los arquetipos que he incluido en ella. A veces, los colegas periodistas, cuando te entrevistan con motivo de la publicación de una nueva obra, suelen preguntar por "el mensaje que ha querido usted transmitir con esta novela". Entonces uno se ahueca un poco, y responde complacido: "me alegro de que me haga esa pregunta", y a continuación se inventa raudo un mensaje cualquiera. Porque, no nos engañemos, normalmente no buscas transmitir ningún mensaje ni la novela lo lleva; solo quieres divertirte tú escribiéndola y concederle a los lectores unas horas agradables y entretenidas con tu trabajo. Pero, claro, no es muy brillante decir eso, especialmente si te preguntan directamente por el mensaje profundo que contiene tu obra.
Pues mira tú por donde que yo en esta novela sí he querido dejar claros un par de conceptos, no tanto un  mensaje, lo cual sería muy pretencioso. Pero dichos conceptos no los explicaré aquí. Quien quiera conocerlos (y de paso hacerse una idea de por dónde va la novela) que lea este otro post: Los enemigos del Hombre. En sus dos primeros parráfos están definidas las ideas subyacentes de El tesoro de Vulturia, aunque la trama de la novela es algo más compleja.
El caso es que después del rollo en el que comenté estas y otras cosas, el editor de Algaida me entregó el cheque con el premio (visiblemente mermado por Hacienda) y luego el presidente del Ateneo me obsequió con una bonita (y pesada) escultura que representa el logotipo de Algaida.
(Entrega del premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica 2010)

Pérez Calero, un hombre encantador, me recordó luego que al haber ganado el premio me convierto automáticamente en miembro de pleno derecho del ateneo sevillano, con lo cual ya soy biateneista, pues también obtuve en su momento el de Valladolid con Cuando el cielo se caiga.
Cerré la jornada firmando en otra caseta en la que por fin pude reposar la sobredosis de caracoles y cerveza. Ahora me toca volver al castigo del régimen que me impuso la doctora por haber dado positivo de triglicéridos en el último control antidopaje al que me sometieron.

(En una de las casetas antes de comenzar las firmas del sábado)

8 de mayo de 2010

Firma en la Feria del Libro de Sevilla

El próximo sábado, día 15 de mayo, estaré en la Feria del Libro de Sevilla para firmar ejemplares de mi nueva novela, El tesoro del Vulturia. El programa que me ha preparado la editorial Algaida es el siguiente:

De 12.00 a 13.00 horas, en la caseta de la Casa del Libro.
De 13.00 a 14.00 horas, en la caseta de El Corte Inglés.
De 19.00 a 20.00 horas, en la caseta de la librería Minerva.


Al día siguiente (domingo, día 16), a las 18.00 horas, en un acto que se celebrará en la pérgola de la feria del libro, está previsto que me hagan entrega del IV Premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, que gané con El tesoro del Vulturia.
Allí os espero a todos los que os apetezca compatir un rato.

4 de mayo de 2010

El evangelio de Barrabás, en libro de bolsillo


Acaba de salir a la venta en edición de bolsillo, en la colección ECO, de Algaida, mi novela El evangelio de Barrabás.
Se trata de un relato en varios planos temporales que se van alternando a lo largo de la narración. Uno de ellos trascurre hoy día, en el que un joven electricista se topa con unos extraños manuscritos que le ha legado su tío, en Merida, y que le traerán graves problemas porque se los quieren arrebatar desde el Vaticano a los servicios secretos españoles, pasando por un poderoso narcotraficante colombiano. Asuntos tan de actualidad como los trapicheos de los Legionarios de Cristo o la pederastia de los religiosos están presentes en la novela.
Otros planos nos conducen a diferentes épocas, como los tiempos del rey visigodo Leovigildo, de la científica y filósofa Hipatia de Alejandria, de San Agustín de Hipona, del historiador judío Flavio Josefo y, por supuesto, de Barrabás y Jesucristo. Con estos saltos temporales el lector irá comprendiendo cuál es la naturaleza de los codiciados manuscritos.
El primer capítulo, colgado por Algaida en su web, puede leerse aquí. debo advrtir que este primer capítulo puede herir la sensibilidad de algunos lectores poc acostumbrados a escenas violentas. pero les asguro que solo son esas primeras páginas.