27 de mayo de 2008

La heroína, primera causa de muerte entre los jóvenes barceloneses

La heroína, el caballo, la marrón... mata más jóvenes barceloneses que los accidentes de tráfico. Lo dice hoy el gratuito 20minutos. Pero nadie se lo toma en serio. Se adoptan medidas decididas contra el exceso de velocidad pero se siguen poniendo paños calientes con el narcotráfico. ¿Hasta cuándo?

¿Cuándo se abordará en serio el problema, con ideas novedosas, revolucionarias y agresivas?

El Roto, en la viñeta de abajo, pone el dedo en la llaga: legalización.
Para no asustar con semejante palabra, que escandaliza los oídos de las personas bienpensantes, propongamos mejor expedición gratuita de la droga a los toxicómanos.

Esto ya puede abordarse sin miedo en el mundo globalizado en el que vivimos. Ya es posible una decisión única y planetaria. Es preciso un censo de toxicómanos, puede controlarse sin margen de error la expedición de la droga a las personas indicadas (hay sistemas de identificación inequívocos, como el análisis de los datos biométricos, que hace años se consideraban ciencia ficción, pero que hoy ya se pretenden aplicar para controlar la inmigración irregular) para que la consuman in situ en lugares adecuados.

El control del suministro por parte de los Estados acarrearía innumerables beneficios a todos: acabaría con el narcotráfico, garantizaría la calidad del producto, atraería a los pacientes hacia los tratamientos paliativos o de desintoxicación. Además, al ser gratuita, el toxicómano no tendría que recurrir a la delincuencia para obtener dinero para comprarla.

Esto solo son ideas, pero el debate serio es necesario y urgente

21 de mayo de 2008

El Roto y la Droga


Esta viñeta de El Roto en El País viene al pelo para el asunto que trato en mi novela "Sangre de caballo".
¿Es posible provocar el desastre que sugiere El Roto?
Cuando se plantea el asunto de la legalización de las drogas siempre me acuerdo de la Ley Seca de los años veinte del siglo pasado en Estados Unidos. Unas leyes puritanas prohibieron el alcohol en algunos estados de la Unión y provocó el contrabando y el gansterismo. Al Capone tuvo aquí su caldo de cultivo. Al cabo de trece o catorce años, ya en los años treinta, se legalizó de nuevo el alcohol, pero las mafias siguieron: la droga, la prostitución, las apuestas... Después de noventa años aún recordamos el fenómeno "Chicago, años vente"
¿Terminaríamos con el tráfico de droga si se hiciera un censo de toxicómanos y se les dispensara la droga gratuitamente dede la Admnistración?
Las mafias de la droga, siempre por delante, ya utilizan las rutas de la droga para introducir inmigrantes sin papeles.
Tal vez ya haya llegado el momento de tomarse en serio este problema, lo mismo que se ha hecho con los accidentes de tráfico...

8 de mayo de 2008

Sangre de Caballo


Estamos de estreno. Y qué mejor para comenzar mi andadura por este extraño mundo del blog al que acabo de llegar que hablar de mi nueva novela, la sexta ya, Sangre de caballo.
Sale ahora a pesar de que la escribí en 2003. Está basada de forma muy libre en el diario de un machaca que se movía por Las Barranquillas, en aquel tiempo el poblado de venta de droga más grande de Europa. El diario de El Legi de Parla llegó a mis manos por razones que no vienen al caso y me sirvió de inspiración para esta novela. Es una historia negra (yo la llamaría sucia) en la que se describe la vida de los machacas, esos fantasmas humanos que a cambio de su indispensable dosis diaria de droga se convierten en esclavos de los traficantes. Hacen los trabajos que les ordenan y obedecen sin rechistar aunque su vida sea una continua humillación. El Legi, llamado así por pasado como legionario, es un admirador devoto de Camarón e incluso se atreve a interpretar sus canciones con cierto éxito. Está enamorado de Reme, toxicómana y prostituta que ha tenido muy mala suerte en la vida y que aún espera su redención.
Pero la vida de ambos, ya de por sí difícil, se verá complicada tras unos crímenes que desatan la guerra entre lo dos principales clanes gitanos de venta de droga en el poblado: los Ramones y los Gaditanos.
La muerte, el amor, la droga, la traición y las canciones de Camarón de la Isla se entremezclan en la historia hasta el desenlace final. Es policiaca pero también es una novela de personajes. Me interesaba analizar su comportamiento y sus relaciones en un medio tan sórdido y hostil. Además, he tratado de destruir algunos tópicos que están muy asentados en la mentalidad del hombre decente de la calle. Uno de ellos es el de que la mayoría de los toxicómanos delinquen para obtener dinero para comprar droga. Está demostrado estadísticamente, sin embargo, que eso no es cierto. La mayoría se busca la vida como puede sin molestar a nadie.
Pero lo que más me ha interesado ha sido poner de manifiesto (perdóneseme la cursilería) que las flores son capaces de brotar hasta en el más sucio de los vertederos. Es decir, que el amor entre dos personas es posible que surja en las condiciones más duras y sórdidas que podamos imaginar y que sus protagonistas, por muy arrastrados que sean, pueden vivirlo con la misma o incluso mayor intensidad que los privilegiados miembros de la alta sociedad. ¿Por qué? Porque también son seres humanos, aunque más desvalidos.
Bien, como diría el Legi de Parla en su diario, por hoy ya es suficiente. En el primer día no conviene fatigarse.

A continuación os transcribo los primeros párrafos de la novela por si os animáis a leerla.


Los dos yacen muertos sobre la hierba húmeda del parque. Uno sobre otro. Como si hubieran tratado de apoyarse mutuamente para evitar el derrumbe. Las caras manchadas de sangre y de barro. Los pechos destrozados. Los impactos han sido certeros. Disparos a bocajarro. El parque Sur está desierto a esas horas, un domingo de madrugada. Un anciano insomne que paseaba a su perro se topó con ellos. Mejor dicho, fue el perro, un pequeño cocker de orejas arrastradas, el que alertó al amo. Los cadáveres, abandonados tras un seto, festín de moscas, no se ven desde el camino.
El inspector Pedro Pablo Linares llega cuando ya ha sido acotada la zona con cinta policial. Junto a la plaza Elíptica, en el arranque de la carretera que lleva a Getafe y a Toledo. Una luz lechosa que anuncia el alba permite a los agentes inspeccionar el terreno, ayudados con linternas, en busca de pruebas. En busca de indicios para encontrar a los autores del doble crimen. Un ajuste de cuentas, según las primeras hipótesis. Socorrida hipótesis cuando no se sabe nada. Murieron, dice uno de los agentes, de varios disparos de escopeta de postas. Los cuerpos tienen enormes boquetes por los que se les ha escapado la vida. Los tiros se hicieron desde muy cerca y las postas apenas tuvieron tiempo de separarse antes de alcanzar a las víctimas. No murieron hace mucho tiempo ya que el rigor mortis no ha aparecido aún. Las caras, los cuellos y las mandíbulas, donde primero hace presa la rigidez de la muerte, siguen blandas. Los cadáveres están calientes y pálidos. Flexibles en sus articulaciones. El inspector Linares, con las manos en los bolsillos del pantalón, escucha y observa por su cuenta la escena del crimen. Son gitanos, dice para sí en voz alta al escrutar en sus caras ásperas y asombradas el último gesto antes de perder la vida. Alguien confirma a su lado el comentario. Eso parece. Ajuste de cuentas, quizá. Debe avisar a la Delegación del Gobierno. Tiene orden de sus superiores de informar inmediatamente de las muertes violentas que se produzcan en Madrid, especialmente si son de estas características. La sensación de inseguridad ciudadana ya es insufrible. Pero es demasiado temprano y el delegado estará recocido en alcohol, como todos los fines de semana, de modo que esperará un par de horas antes de dar aviso. Por el suelo hay restos de un teléfono móvil, destrozado por el impacto de uno de los disparos. Uno de los cadáveres tiene incrustada en el pecho, junto al orificio mortal, la batería del aparato. En el barro, junto a ellos, hay cuatro casquillos percutidos de escopeta.

MAIKO

Una maiko, aprendiz de geisha, en plena danza. Kioto (Japón) 2016