21 de febrero de 2012

¡Enemigos!

Sonó el timbre y los niños se alinearon en el pasillo.
La monja los retuvo unos minutos.
¡Hasta que no os, calléis no os dejo salir!

Fuera, en el patio, los padres aguardaban pacientes.
Salvo Antonio M., al que devoraba la inquietud.
Era la primera vez que acudía a recoger a su hija.

Su mente estaba cuajada de extrañas imágenes.
Carreras, sangre, golpes, sirenas...
Sudaba y tenía el pulso acelerado.

Las puertas se abrieron y un tropel de niños inició una carrera desbocada,
con sus mochilas mal colgadas, arrastando los babis,
lanzando gritos de alegría.

Antonio M. lo veía todo a través de un velo de terror púrpura.
Comenzó a temblar.
Apretó los dientes.
La mano se le crispó sobre la porra
y se lanzó feroz contra el enemigo.

5 comentarios:

  1. Antonio Moreno es un buen perro, obediente y servicial, bien pagado de sus amos. Todo un lujo de perro...tonto...útil.
    Ha sido bien adiestrado en el servicio del amo y no dudará en machacar a los chavales, sus padres...¡¡y dios que aparezca!!

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  2. Justo. Podrían ser sus hijos. Pero eso al amo del perro no le importa.

    Se dice que la policía de Valencia está copada o infiltrada por España 2000. Por otro lado, está el simpático señor del SUP que habló de "kale borroka". "Kale" sí que hubo. En cuanto a la "borroka", menudos pepinazos se les pueden asestar a los geyperman con mandarinas: para hacer un zumo, pero con las cabezas de algún radical disfrazado de estudiante.

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  3. Exacto, Atila, todo un profesional al que, según Gallardón, debemos la existencia de la democracia en España.

    Sí, vecino, las mandarinas son armas de destrucción masiva y los libros ni te cuento. Es lo que necesitarían esos "acorazados" que turturan a los jóvenes, llenarse la cabeza de libro.

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  4. Qué sería de los políticos estúpidos sin estúpidos que obedezcan sin pensar?
    Noto a los extremistas de derecha creciditos últimamente.
    Buen micro :-)
    Salu2

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  5. Markos, creo que los políticos estúpidos nacen de sociedades estúpidas, que a su vez fomentan la estupidez social. Es un circulo vicioso difícil de romper.
    Sí, los ultras ya no se avergüenzan de serlo.

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