11 de febrero de 2009

La guerra y la paz, protagonistas en mi encuentro de Córdoba con los lectores

Cómo se recrean en una novela personajes que existieron realmente, como Francisco de Goya o Xavier Mina, fue una de las cuestiones suscitadas en el encuentro que mantuve el pasado viernes con un grupo de lectores en la biblioteca central municipal de Córdoba.
Invitado por la bibliotecaria jefe, Ana Rivas, una mujer que se desvivió por hacerme agradable la estancia en la ciudad durante todo el fin de semana, tuve la ocasión de entrar en contacto con un grupo de unas cuarenta personas, la mayoría de las cuales había leído mi última novela: Memorias del guerrillero con dos cabezas.
No es frecuente este tipo de actos -al menos para mí- que te permiten tener una opinión no contaminada por la amistad o la cercanía de personas que han leído tu obra. Tengo que reconocer que aunque la opinión general fue muy favorable a la novela (por eso me invitaron) no faltaron críticas, unas más razonables que otras, naturalmente, durante casi dos horas de charla.
Como el encuentro era con motivo de las XXV Jornadas por la Paz del Distrito Sur, hubo quien me preguntó sobre cómo ha evolucionado la visión de la guerra y de la paz desde aquellos tiempos hasta nuestros días. Pregunta difícil, casi más propia para formulársela a un filósofo o a un historiador. Mi opinión es, y así lo dije, que el cambio ha sido radical. Hoy día, en Occidente, pese a que vemos la guerra a diario en la televisión, casi en directo, tenemos verdadero terror a sufrirla en nuestras carnes. Nos asusta y nos repele la violencia de tal modo que hasta se condena a la madre que da un bofetón a su hijo para reprenderle.
Hace doscientos años la violencia y la guerra estaban mucho más interiorizadas en el ser humano. España estaba en guerra casi de continuo, desde hacía siglos, la paz era un bien casi desconocido y la diplomacia no era la herramienta más popular para resolver los conflictos.
Alguno de los asistentes me preguntó, al hilo de esto, que le chocaba cómo una persona, como es el caso de Leandro Honrubia, protagonista de la novela, puede pasar de ser un aprendiz de pintor en el taller de Goya a empuñar las armas en la guerrilla que combatía a Napoleón. Creo que cuando la guerra te aprieta en tu propia casa, cuando te ves obligado a matar para sobrevivir, el más pusilánime de los mortales no duda en hacerlo.
También tuve ocasión de explicar mi opinión muy personal sobre el 2 de mayo que quizá n o la comparta mucha gente: el levantamiento popular fue reaccionario porque se hizo para defender al rey, a Dios y a la religión, los tres elementos que tenían amarrado al pueblo al atraso y a la ignorancia y que consideraban que estaban en peligro con la invasión francesa.
Al día siguiente, sin embargo, ante el vacío de poder real, se comenzaron a formar la Juntas Locales que, en mi opinión, significan el nacimiento de España como nación moderna, como un conjunto de ciudadanos iguales ante la ley que ocupan un territorio común... y eso que las Juntas estaban regidas por los de siempre (nobles y curas) puesto que el pueblo, tras la revolución, no supo qué hacer con el poder. Todo ello desembocó en la Constuitución de 1812, la más avanzada de la época. Solo había un problema: el pueblo seguía siendo el más atrasado del mundo. Lo cual facilitó el retorno al absolutismo tras el regreso de Fernando VII en 1814. El encuentro, como digo, fue muy agradadable, ambientando con diapositivas de los Desastres de la Guerra, de Goya, en una amplia sala del modeno edificio de la Biblioteca Central de Córdoba.
Aprovecho para añadir que, según noticia difundida por la Agencia EFE el mismo día de este acto, que recogía un estudio de la revista Consumer Eroski, Córdoba está entre las ciudades de España con mejores bibliotecas.



6 comentarios:

  1. Anónimo19:03

    Coincido con el autor en que el levantamiento del 2 de mayo de 1808 no fue una gesta de heroismo sino reaccionaria. ¡Cuántas vidas sacrificadas para defender a un rey innoble, a una Iglesia represora y a un Dios que miraba para otro lado! ¿Qué hubiese ocurrido en este país si en lugar del nefasto Fernando VII hubiese seguid reinando José Bonaparte?

    ResponderEliminar
  2. Anónimo19:05

    Me alegro de que le haya ido bien en Córdoba. He leído su novela y me ha parecido magnífica. Se la recomiendo a quien desee disfrutar de una buena lectura.

    ResponderEliminar
  3. Así es, Francisco y Anónimo. Hay que decirlo y hay que desmontar mitos. Sin remontarnos más atrás, desde la unificicación política de los reinos de Castilla y Aragón, que nació bañada en sangre, la de los musulmanes andalusíes, no ha habido siglo sin jarana en este bendito territorio: guerra de las Comunidades, de las germanías valencianas, Alpujarras, Sucesión, la Independencia, las carlistas... Un pasado glorioso donde los haya.

    Yendo a la época de tu libro, el pueblo gritaba: "¡Vivan las caenas!" y clamaba por El Deseado, que instauró un régimen de represión feroz.

    Y ahora tenemos al tataranieto, puesto en el trono por encima de los rescoldos de otra guerra.

    En tu otro blog leo que te enciendes... Para no encenderme yo o, mejor, para no incendiarme, cambio de tercio. Hablas de las bibliotecas de Córdoba. Sin ser santa de mi devoción, Rosa Aguilar es mucha Rosa, como el califa era el califa. En Madrid se piensa más en los coches, por lo que parece. Sin ir más lejos del barrio, lo que ha pasado con La Chata es de echarse a reír por no llorar.

    Ya paro, que me incendio.

    ResponderEliminar
  4. ¡Hala! Vaya bodrio que se me ha escapado: "unificicación". ¿Será un lapsus? Pues ahí queda. Cura de humildad.

    ResponderEliminar
  5. Gracias Anónimo y gracias Juan Carlos. Lo cierto es que los pueblos que ocuparon esta tierar que ahora llamamos España debieron ser de los más belicosos del planeta. Y los que vinieron de fuera, también. Así, llevamos una sangre que se enciende o incendia con poca llama que le arrimes.
    Y sobre bibliotecas, en efecto, aquí se piensa, primero en fomentar el coche y luego en poner parquímetros para recaudar money que cubra las obras faraónicas del Excelso

    ResponderEliminar
  6. Estoy convencido de que leeré tu novela. Ésta última, para empezar.

    Y sospecho que la leeré en la playa...si puedo ir...

    Disculpa. Con los malabares que tengo que hacer con mi tiempo, no puedo dedicar toda la dedicación que sin duda merece tu obra.

    Sólo leo críticas favorables. Enhorabuena.

    Salu2

    ResponderEliminar