16 de febrero de 2009

Arte "subprime"

Las hipotecas subprime están en el meollo de la crisis económica. Son aquellas que se concedieron por millones en Estados Unidos a gente sin ninguna posibilidad de pagarlas (eso no les importaba a los comerciales que las concedían porque ellos cobraban por pieza). Después, los bancos "empaquetaban" varios miles de ellas, las ponían nombres atractivos y las vendían a otros bancos. Así, en cada transacción, el producto del paquete se incrementaba... hasta que llegó el día en que alguien, en cualquier oficina, se molestó en mirar qué había dentro de esos paquetes con nombres tan brillantes. Descubrió que en su interior solo había varios centenares de hipotecas concedidas a personas insolventes y que, por tanto, esos títulos no valían nada. De pronto miles de millones de dólares desaparecieron sin dejar rastro. La crisis estaba servida.

(Es muy recomendable ver este divertidísimo vídeo antes de continuar la lectura del post)



Bien, pues en el arte tenemos algo parecido. Hay un artes subprime que hemos podido contemplar recientemente en la feria de ARCO. Un ejemplo que vi en la televisión: la imagen muestra una caja de plástico azul de esas que se usan para llevar fruta. Por encima tiene una costra de sal seca. La galerista dice a la periodista que se trata de una obra de arte que vale nueve mil euros. En una enrevesada explicación dice que simboliza el bien y el mal, el yin y el yan, la dualidad de lo pleno y lo vacío... o algo parecido. Probablemente, habrá alguien que pague ese dineral para ponerlo en su casa, su oficina o su palacio. No cabe duda de que la plusvalía que ha generado el artista causaría sonrojo de envidia a los recalificadores de terrenos en Madrid. Convierte algo que no vale más allá de veinte euros (por los kilos de sal que lleva) en una obra de arte de 9.000. ¡Espectacular!

Y obras de arte como esta proliferan últimamente.
El problema vendrá cuando finalmente alguien que no tema enfrentarse a los snobs de turno que gobiernan este mundillo diga que eso no es más que una gran cagada... y la gente se lo crea. Entonces el valor caerá de golpe de 9.000 euros a cero (no valdrá ni el precio de la sal, que estará ya inservible hasta para evitar costaladas en invierno).
A continuación os presento algunas obras de arte susceptibles de ser catalogadas como subprime:








6 comentarios:

  1. El tema del arte es peliagudo, y más el arte contemporaneo y el arte unido a las nuevas tecnologías. Hace poco colaboré con un artista en un proyecto a medio camino entre el arte y la tecnología y lo que más me costaba era comprender su concepción de arte, ya que para mi casi todo lo que quería hacer era una chorrada como la copa de un pino (además de ser muy simple técnicamente).

    A veces no se si es que mi gusto artístico está atrofiado o es que nos tienen comido el coco con tanto arte vanguardista :P

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  2. Anónimo19:16

    Claro, los 9000 euros están justificados porque la caja era de plástico azul, que es una rareza. Si hubiese sido de color verde, o incluso fucsia, no valdría un céntimo. Es lo que tiene el arte, que el lenguaje subliminal de los colores es determinante para ponerle precio a una gilipollez como esa de la caja y la sal. Y yo me pregunto: ¿la galerista no se sonrojó al dar la estúpida explicación que dio? O es rematadamente tonta porque cree que el personal es estúpido o es que es tonta de verdad y se cree lo que cuenta. En cualquier caso, entre bobos anda el juego (los bobos son los que compran esas chorradas, por supuesto).
    MAX ESTRELLADO

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  3. Hombre, vecino, sin entrar en definiciones, hay vanguardias y vanguardias. Es cierto que mucho arte contemporáneo es, como tú dices "subprime", de modo que nada impide decir que es una cagada, sobre todo cuando detrás de tanto supuesto concepto y originalidad hay sólo una copia de una copia de una copia. Vaya, como la rosa de Gertrude Stein.
    Sin ir más lejos, lo de la caja azul me recuerda el famoso botellero de Duchamp

    Ya conocía el vídeo. Aunque si de arte contemporáneo hablamos resultan demoledoras algunas parodias de Els Joglars. Recuerdo, por ejemplo, la que se hicieron en "El Retablo de las Maravillas".

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  4. Creo que el título de artista de vanguardia se da hoy en día igual que los contratos que concede la Comunidad de Madrid: a los amigos. No se valora el arte sino la filias. El mundo del arte es muy pantanoso, es cierto, pero hay zonas que no son discutibles, en un extremo como el otro. Podrán decirnos que El Coloso no es de Goya, pero siempre será una gran pintura. De la caja de frutas con un costrón de sal podrán decirnos que es de Barceló (no es el caso, lo digo como ejemplo), pero siempre será una cagada. Otra cuestión es si una cagada firmada por Barceló vale algo solo porque lleve su firma.
    Vecino, no conozco esos montajes de El Joglars pero imagino que, viniendo de donde vienen, serán demoledores.

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  5. Yo soy bizco de las dos orejas y sólo consigo distinguir ocho colores, con brillo 16 (como en el Spectrum). Por lo que me autodescalifico para entender algo de arte.

    Ante una obra de arte, yo me detengo. Si me hace sentir algo, lo puedo llegar a considerar arte. El por qué es totalmente subjetivo y probablemente diferente al de un crítico entendido. Me da igual que sea una obra de un artista refutado o de un pintor de aceras. Si me gusta, me gusta.

    El dinero que se pague por ello es solamente precio. El valor de la obra es difícilmente cuantificable.

    Después de lo cual, sí, creo que se está abusando. Menos mal que la economía no está fundamentada en el arte contemporáneo...

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  6. Markos, no te dejes engañar por marchantes y galeristas, que eso es lo que pretenden, que te acomplejes de ser "bizco de las orejas". Toda organización de poder, y ellos lo son en su campo, pretende tener las riendas del asunto y para ello buscan hacer creer a los demás que no saben del asunto en cuestión y que debemos dejar en sus manos la decisión de si es o no arte. Yo creo que en el arte hay dos percepciones: la técnica y la estética. La técnica es el conocimiento de los procedimientos, la destreza en el manejo de las técnicas artísticas (valga la redundancia) que hacen que el autor realice su obra mejor o peor. Para conocerlas hay que estudiarlas y practicarlas, no están al alcance de cualquiera. Y el crítico debe conocerlas también para valorarlas. pero luego está la estética, y cada cual tiene la suya. Cada cual decide si cuelga esa obra en su salón en función de si le gusta o no le gusta.
    Pero en el arte de vanguardia (como es el caso de algunas de las obras recogidas en las fotos del post) es frecuente que no se requiera el conocimiento de ninguna técnica para crearlas. Para extender un mantel en el suelo (ver foto) y luego cubrirlo de alimentos basta con que no tengas lumbago. La estética aquí para mí no existe. Es decir, ni técnica ni estética. Pero los galeristas y los marchantes, en un ejercicio de estupidez manifiesta quieren hacernos creer que eso es arte. ¡Y un güevo! No dejes que se salgan con la suya, quieren acomplejar al espectador.
    Por otra parte técnica y estética no tienen porque coincidir. A veces una gran obra de arte ejecutada con gran pericia técnica, no tiene porque ser estética. Eso ya es más subjetivo.

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MAIKO

Una maiko, aprendiz de geisha, en plena danza. Kioto (Japón) 2016