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JUSTICIA POPULAR

Solo se decidió al verlo tan desafiante por televisión.

Tan ufano, tan crecido, tan prepotente. Riéndose de todos.
Ni siquiera cuando el Consejo de Ministros dijo que no habría compensaciones. Tampoco el día que procesaron al juez que lo había encarcelado para que no destruyera pruebas.

Pero cuando la televisión lo exhibió con aquella sonrisa, haciendo incluso bromas ante la multitud que lo increpaba, ya no pudo contenerse.
Tenía una escopeta en el trastero de sus tiempos de cazador, de cuando las cosas le iban medianamente bien. Serró el cañón, la echó en una mochila y se despidió de la familia besándolos a todos cuando estaban dormidos. Quizá no volvería a verlos.
Sabía dónde vivía porque había participado en manifestaciones ante su lujosa residencia cuando se conoció el escándalo.
Se apostó frente a la puerta, dentro del coche, con el dedo en el gatillo y aguardó a que saliera.
Seguramente no tardaría.

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