18 de enero de 2009

XXIX Festival de cine español en Carabanchel


Las grandes superficies comerciales se lo comen todo con la voracidad propia de la especulación del ladrillo que las vio nacer y las hace crecer. Al contener todo tipo de oferta de ocio y consumo, desde supermercados, discotecas y restaurantes hasta tiendas de ropa, librerías o cines, se comportan como un agujero negro que arrastra hasta ellas a todo tipo de gente en un círculo muy amplio. De rebote provoca la ruina del pequeño comercio y obliga a cerrar los negocios tradicionales, incapaces de competir en precios y horarios; capta el ocio nocturno, el tiempo de esparcimiento de las familias y hasta el hambre de cultura.
Los cines tradicionales son, desde hace años, víctimas de este cambio de tendencia de los consumidores españoles, que prefieren acudir a salas situadas en estos macrocomplejos comerciales.
En Carabanchel el último cine que quedadaba, el España, desapareció en 2006, dejando huérfano de local de exhibición al Festival de Cine de Carabanchel que se había refugiado allí tras el cierre, un par de años antes, del Florida, sede tradicional del festival.
La ausencia de cines en todo el distrito obligó a los organizadores municipales, durante los dos últimos años, a proyectar las películas en los centros culturales de San Francisco-La Prensa (2007) y Oporto (2008).
Este año, cuando el festival alcanza su XXIX edición, los films se exhibirán en las salas del complejo comercial Isla Azul, relativamente nuevo y al que no se puede acusar de haber sido el culpable del cierre de los cines del distrito.
¿Hay que agradecer a Isla Azul que también haya abducido al festival con su fuerza centrípeta como lo hace con miles de consumidores? Quizá. Al menos está en Carabanchel, aunque en un páramo situado entre el cementerio y la M-45, lejos de casi todo, pero especialmente apartado del núcleo poblacional del distrito.
En mi opinión, las películas del festival deberían haber seguido proyectándose en los centros culturales que hay en el distrito. Quizá sean menos vistosos, quizá incluso tengan menos afluencia de público. No importa, el lucro no es el factor fundamental de este certamen, organizado por el Ayuntamiento, sino acercar la cultura a la gente del barrio, y para eso, nada más apropiado que los centros culturales. Mejor dicho, todaavía sería mucho mejor dotar al distrito de un auditorio municipal, moderno y bien equipado.
El festival comienza mañana, 19 de enero, y en él se proyectarán las mejores películas españolas producidas el año pasado.

4 comentarios:

  1. ¡Ay, Francisco: aquí me has tocado! Vengo de tu pirulí (es un decir: que no se asuten las almas cándidas) por curiosear y me encuentro con una entrada que habla de mi barrio.

    Sólo quería escribir dos cosas. La primera, que falta la referencia al cine Los Ángeles, pues también acogió el festival. La sala sirve ahora a los ritos de no recuerdo qué agrupación evangélica. La segunda, que, efectivamente, Isla Azul queda un poco a trasmano y a quienes nos dan grima los complejos comerciales se nos hace muy cuesta arriba la idea.

    Voto también por un centro cultural del barrio o de sus cercanías. Está, por ejemplo, el de la Latina, mejor acondicionado que los citados por ti.

    Saludos.

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  2. Hola, Juan Carlos, vecino, gracias por participar en mis blogs.
    No sabía que el cine Los Angeles hubiera sido sede también del Festival, aunque este lo cerraron hace ya la intemerata. Si eres del barrio recordarás también los cines Oporto y Coimbra, ambos en la av. de Oporto y cerrados hace muchos años. Otro cine recién cerrado es el Liceo, allá en la confluencia de Antonio López y Marcelo Usera (aunque no es de Carabanchel).
    No conozco el centro cultural de Latina, pero obviamente está en otro distrito.
    saludos

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  3. Hola Francisco, enhorabuena por tu blog.

    Siento estar en total desacuerdo contigo. Llevo asistiendo al Festival de Carabanchel desde hace muchos años y he vivido los dos años pasados en centros culturales y este último en Islazul. La diferencia de calidad ha sido abismal.

    El año pasado por ejemplo el Centro cultural San Francisco - El Grande emitió "7 mesas de billar francés". La peli se corto a mitad de proyección y no se puedo ver entera porque el centro no estaba preparado, se emitía una peli al día en lugar de dos como este año, no podías comprar entradas con antelación lo que obligaba a jugártela el mismo día de proyección.....

    Me parece muy romántico eso de celebrarlo en un centro cultural pero redunda en menor calidad. Creo que se trata de fomentar el cine español, no lo encerremos en un barrio para que vayan 4 personas como pude ver en alguna proyeccion el año pasado....

    Un abrazo

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  4. Hola, Dani. Gracias por tu comentario. A ver, no sé si me he explicado mal en el post. Yo no abogo por que las películas se exhiban en centros culturales que, evidentemente, no están concibidos para eso. Decía, que ante el cierre de todas las salas del barrio, acabó en los centros culturales. Yo abogo por que haya centros acondicionados en Carabanchel. Pedía un centro cultural digno, de usos múltiples y apropiado para cualquier expresión cultural. Me lamentaba también de que al final el Festival se haya ido a un rincón del distrito que en nada se identifica con el barrio.
    Por otra parte me parece bien fomentar el cine español, pero este festival es de cine español en Carabanchel.
    Sin embargo, creo que el objetivo de este festival no es fomentar el cine español, sino llevar el cine español al barrio de Carabanchel. Se trata de que lo vean los vecinos del barrio, no tiene afán recaudatorio (creo) al estar subvencionado por el Ayuntamiento. No creo que esto sea romanticismo, sino acercar la cultura a la gente sin necesidad de que deba ser la gente la que tenga que ir a buscarla al quinto pino. carabanchel, como bien sabrás, carece de casi todo, menos de coches y parquímetros.
    Los problemas de adquisición de entradas son otra cosa que debería resolverse con independencia de dónde se proyecten las películas.
    Un saludo y gracias por participar.

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MAIKO

Una maiko, aprendiz de geisha, en plena danza. Kioto (Japón) 2016