Ir al contenido principal

Diario de Jürgen Toepfer: apatía

Llegado el momento pedimos ayuda a la población civil, ya que con nuestras solas fuerzas era imposible derrotar a las transnacionales que robaban las riquezas naturales del país. La respuesta fue muy tibia. La gente prefiere la dulce apatía al incómodo compromiso.

Jürgen Toepfer
Mercenario en la RD del Congo



Comentarios

  1. Como en todas partes, Paco. Solo reaccionamos con la punta de un cuchillo pinchando en el cuello, y aún así, siempre es demasiado tarde.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Qué mala suerte tienen las vanguardias del Congo, caray.

    Seguro que tras la dulce apatía hay alguna pasión más o menos confesable o inconfesable. Quizá la simple ilusión de que el lobo se olvide de soplar contra el chozo cuya pared mayor cubre casi una pantalla de tantas pulgadas. Y si sopla, que lo haga flojito. Pues la apatía es a veces muy distinta de miseria extrema.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No te cachondees, vecino, que el Jürgen es el prota de mi última novela y estoy a la espera de que se publique, ya veremos cuándo, para dar el pelotazo.
      Es posible que haya algo detrás de la apatía, pero no siempre. La pereza es un placer en sí mismo

      Eliminar
    2. Entonces, ¿estas píldoras Toepfler forman parte de la novela?
      Interesante.

      (Me revientan los dichosos captcha).

      Eliminar
  3. No, las pildoritas son inventadas, pero me apatecía ampliar un poco la visión del personaje y de paso calentar el ambiente. En cualquier caso sí se corresponden con su filosofía de la vida.
    Perdona por los captcha pero he tenido un ataque de spams y lo puse ayer. Lo quitaré en un par de días.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

MATAR A LA BESTIA (2)

(continuación de Matar a la bestia) En la comisaría le dieron una paliza y lo humillaron. Querían saber quiénes eran sus cómplices. De nada le sirvió explicarles que era un parado enfermo de cáncer de páncreas al que iban a desahuciar la semana siguiente. No lo creyeron hasta que tuvieron en la mano la información del INEM, del banco y de la Seguridad Social. Era cierto. Le habían diagnosticado un cáncer de páncreas el año anterior y debido a las continuas inasistencias al trabajo, había sido despedido de la multinacional en la que trabajaba.  No pudo hacer frente a la hipoteca y el banco ya le había anunciado el desahucio. Para colmo, el oncólogo le comunicó, con gran pesar, que su cáncer era difícil y que a la Seguridad Social no le merecía la pena prescribirle el carísimo tratamiento que necesitaba para alargarle la vida unos meses. Aunque si quería podía pagárselo de su bolsillo…

EL DÍA DE LA VICTORIA

Nadie sabía explicar, años después, cómo había sucedido todo aquello, unos hechos que cambiaron el rumbo del país de repente y de forma tan brusca. Era indudable que el cambio había sido bueno, que todos vivían mejor ahora, pero los historiadores, los politólogos, los sociólogos y hasta los psiquiatras seguían buscando una explicación desde entonces.

MATAR A LA BESTIA (1)

Dudó un instante antes de disparar, es cierto. Ahora, varios meses después de aquello, tenía que reconocerlo. Pero fueron solo unas décimas de segundo. Pensaba que estaba completamente mentalizado para cumplir con esa misión que él mismo se había encomendado pero en el último momento la duda estuvo a punto de echarlo a perder. Ahora se deleitaba al pensar en esa duda pues, probablemente, sirvió para que el presidente fuera más consciente de que iba a morir. De haber apretado el gatillo cuando debía seguramente el presidente hubiera partido hacia el otro mundo casi sin darse cuenta. Sus compañeros lo felicitaban por ello.