Llegado el momento pedimos ayuda a la población civil, ya que con nuestras solas fuerzas era imposible derrotar a las transnacionales que robaban las riquezas naturales del país. La respuesta fue muy tibia. La gente prefiere la dulce apatía al incómodo compromiso.
Jürgen Toepfer
Mercenario en la RD del Congo
Como en todas partes, Paco. Solo reaccionamos con la punta de un cuchillo pinchando en el cuello, y aún así, siempre es demasiado tarde.
ResponderEliminarUn abrazo.
Cierto, Rode. A veces ni con sangre.
EliminarQué mala suerte tienen las vanguardias del Congo, caray.
ResponderEliminarSeguro que tras la dulce apatía hay alguna pasión más o menos confesable o inconfesable. Quizá la simple ilusión de que el lobo se olvide de soplar contra el chozo cuya pared mayor cubre casi una pantalla de tantas pulgadas. Y si sopla, que lo haga flojito. Pues la apatía es a veces muy distinta de miseria extrema.
No te cachondees, vecino, que el Jürgen es el prota de mi última novela y estoy a la espera de que se publique, ya veremos cuándo, para dar el pelotazo.
EliminarEs posible que haya algo detrás de la apatía, pero no siempre. La pereza es un placer en sí mismo
Entonces, ¿estas píldoras Toepfler forman parte de la novela?
EliminarInteresante.
(Me revientan los dichosos captcha).
No, las pildoritas son inventadas, pero me apatecía ampliar un poco la visión del personaje y de paso calentar el ambiente. En cualquier caso sí se corresponden con su filosofía de la vida.
ResponderEliminarPerdona por los captcha pero he tenido un ataque de spams y lo puse ayer. Lo quitaré en un par de días.