Ir al contenido principal

Al fin pude conocer al mejor biógrafo de Xavier Mina

El documental sobre la vida del guerrillero navarro Xavier Mina se presentó ayer en la Casa de América, lo que me permitió tener la ocasión de conocer personalmente a su principal biógrafo, Manuel Ortuño, quien ha dedicado toda su vida reivindicar al personaje, desconocido en España pero héroe en México por su vertiente de insurgente y antifernandista.
Departí un rato con Ortuño antes y después de la proyección y me subyugó el entusiasmo que este hombre, culto y amable a partes iguales, siente por la figura de Mina.
El documental, conducido por Javier Nart y dirigido por Albert Solé, repasa la vida de Xavier Mina desde su irrupción en la vida pública cuando estudiaba en Zaragoza, hasta su fusilamiento en México. Siempre sobre la base de las investigaciones de Manuel Ortuño.
El equipo de rodaje ha viajado por España, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y México, es decir, siguiendo el rastro de Mina por los principales escenarios en los que se movió. Es un buen documento divulgador de la vida de este hombre, que en España es un completo desconocido (conocemos más a su tío, Espoz y Mina). Quizá por eso el trabajo se centra sobre todo en sus andanzas españolas más que en las mexicanas, aunque su peripecia novohispana esta muy bien recogida.
Pese a los cuatro o cinco libros que Ortuño ha publicado sobre Mina, continúa trabajando incansable para averiguar más detalles de su vida. Uno de los últimos datos que ha descubierto, según me comentó, es que el guerrillero se comprometió en matrimonio, poco antes de morir, con la hija de uno de los hacendados que lo apoyaban.
Pero la capacidad investigadora de Ortuño va más allá de Mina y me llevé una agradable sorpresa cuando, después de regalarle mi novela Memorias del guerrillero con dos cabezas, en las que Mina es uno de los principales personajes, le explicaba que la novela comienza y acaba en México, en 1862, con la expedición encabezada por el general Prim. Entonces, Ortuño, con una sonrisa me dice que precisamente está escribiendo ahora sobre la aventura mexicana de Prim. Ya cuento los días que faltan para leer su nuevo trabajo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

MATAR A LA BESTIA (2)

(continuación de Matar a la bestia) En la comisaría le dieron una paliza y lo humillaron. Querían saber quiénes eran sus cómplices. De nada le sirvió explicarles que era un parado enfermo de cáncer de páncreas al que iban a desahuciar la semana siguiente. No lo creyeron hasta que tuvieron en la mano la información del INEM, del banco y de la Seguridad Social. Era cierto. Le habían diagnosticado un cáncer de páncreas el año anterior y debido a las continuas inasistencias al trabajo, había sido despedido de la multinacional en la que trabajaba.  No pudo hacer frente a la hipoteca y el banco ya le había anunciado el desahucio. Para colmo, el oncólogo le comunicó, con gran pesar, que su cáncer era difícil y que a la Seguridad Social no le merecía la pena prescribirle el carísimo tratamiento que necesitaba para alargarle la vida unos meses. Aunque si quería podía pagárselo de su bolsillo…

EL DÍA DE LA VICTORIA

Nadie sabía explicar, años después, cómo había sucedido todo aquello, unos hechos que cambiaron el rumbo del país de repente y de forma tan brusca. Era indudable que el cambio había sido bueno, que todos vivían mejor ahora, pero los historiadores, los politólogos, los sociólogos y hasta los psiquiatras seguían buscando una explicación desde entonces.

MATAR A LA BESTIA (1)

Dudó un instante antes de disparar, es cierto. Ahora, varios meses después de aquello, tenía que reconocerlo. Pero fueron solo unas décimas de segundo. Pensaba que estaba completamente mentalizado para cumplir con esa misión que él mismo se había encomendado pero en el último momento la duda estuvo a punto de echarlo a perder. Ahora se deleitaba al pensar en esa duda pues, probablemente, sirvió para que el presidente fuera más consciente de que iba a morir. De haber apretado el gatillo cuando debía seguramente el presidente hubiera partido hacia el otro mundo casi sin darse cuenta. Sus compañeros lo felicitaban por ello.