¿Dónde están los del imperio hacia Dios, los de la unidad de destino en lo universal, los de las tardes gloriosas en la plaza de Oriente, los del rosario y la peineta, de la espada, el cilicio y las preces? ¿Qué fue aquellos de las ovaciones al Caudillo, de las denuncias del contubernio, de los insultos a la Europa masona y prostituida, de las banderas y las palmas alzadas, de la devoción y el orgullo patrio? ¿Adónde fueron los del Cristo del Gran Poder, los de a mí la Legión y las procesiones, los de la reserva espiritual y las vigilias de Acción Católica, los del correaje y los gritos marciales, los de la Purísima y las cosas como Dios manda? ¿Y qué fue de aquellos de la vida en blanco y negro, de las sotanas futboleras en patios embarrados, de las caricias de coronillas endomingadas, de las oraciones y los himnos en el pupitre, de la Inmaculada, el palio y la sangre? Yo os lo diré: donde siempre estuvieron. En el Consejo de Ministros, en los consejo...