Ha pasado una década y la ciudad se ha puesto en pie y ha recuperado el pulso que quedó interrumpido de pronto por el huracán más devastador que se recuerda. Nueva Orleans es una ciudad nueva y al mismo tiempo la misma que desde su fundación ha luchado denodadamente contra el agua, el viento, el clima y su propio paisaje. Las cicatrices quedan y se pueden ver fácilmente en muchos puntos de la ciudad, en unos barrios más que en otros, pero la catástrofe la ha robustecido, aun a costa de mil quinientas muertes y millones de dólares en pérdidas. He tenido ocasión de visitar Nueva Orleans este mes de agosto, durante una semana, y he podido comprobar el trauma causado por el Katrina , pero también que, diez años después, es de nuevo una ciudad muy próspera impulsada por sus dos grandes industrias principales: los astilleros del río Misisipi y el turismo. Por ese orden. Dispone de uno de los puertos más grandes de Estados Unidos y los muelles más extensos del mundo, con oc...