En Ámsterdam concluye mi última novela, El precio de la codicia , un relato que explica en clave de thriller la crisis económica que ha arrasado España, Europa y gran parte del resto del mundo. Es el colofón a un periplo por varias ciudades del mundo (Nueva York, Londres, París, Moscú, Berlín, Seúl…) y que expresa también mi deseo de cómo me hubiera gustado que se resolviera la crisis: con el castigo de los malos. Desgraciadamente, la vida no tiene nada que ver con las novelas (es peor) y Ámsterdam no fue escenario de la derrota de los corruptos. Pero sirve de magnífica excusa para emprender una excursión por una de las ciudades más bellas y peculiares de Europa. De hecho es un gran placer descubrirla caminando, en bicicleta -vehículo que es el rey de la ciudad- o navegando sus canales, no en vano se la conoce como la Venecia del Norte. En una visita rápida de fin de semana para ver lo mejor, no puede obviarse el Rijksmuseum, una joya recién restaurada por arquitectos españoles y con u...