Ahora que llega la Navidad (para ateos incluidos) es momento de hacer buenas acciones, por eso desde aquí voy a proponer que ensanchemos el alma, que olvidemos el negro pasado que dejamos atrás con tanto dolor, que obviemos la basura de presente y que pensemos en el oscuro futuro que nos espera ahí mismo, a la vuelta de la esquina, para jodernos un poco más. Pero que esto no nos frustre y, como propongo, hagamos la buena acción de sentar a un imbécil a nuestra mesa . Sí, a un imbécil, pero no hace falta que sea un imbécil desconocido. Seguro que tenemos alguno muy a mano, muy cerquita, quizá en nuestra propia familia. ¿Que cómo saber quién es un imbécil y quién no? Hay muchas formas de imbecilidad, naturalmente, pero la más común es también la más fácilmente detectable. ¿Acaso no conoce a nadie que haya votado el PP? Pues eso. Busque a un tipo que haya votado al PP, es decir, a un soberano imbécil, y siéntelo a su mesa. Pero no para reírse de él, ni para abofetearlo por las funestas...